El Miljkailjuitl, la fiesta de los muertos o Xantolo.

Es la más importante de los huastecos. En nuestra región se celebra desde la época prehispánica, con sus pequeñas variantes entre un pueblo y otro pero con el mismo significado cosmogónico. Según las antiguas tradiciones, cuando moría el jefe de algún señorío, era llevado al templo de los ídolos en donde sus vasallos le lloraban, y con grandes ceremonias era sepultado por los principales sacerdotes. En su tumba le ponían sus joyas, ropa, bebidas y bastante comida para que no le faltara nada en el largo y fatigoso viaje a la eternidad.

Después de que las almas permanecían un tiempo prolongado en la misión de los muertos, los dioses les daban permiso de venir a la tierra a visitar a sus familiares dos veces al año, una muy rápida llamada en náhuatl Miljkailjuitltsontli y la otra por más tiempo, el Miljkailjuitl, que traducida al castellano quiere decir “Fiesta de los Muertos”.

Las almas venían a la tierra en los meses de julio y agosto y eran recibidas con gran alegría por sus familiares. En las tumbas les ponían ofrendas, principalmente frutas, comida y bebidas. Con la llegada de los españoles a la Huasteca comenzó la conquista espiritual. La Fiesta de los Muertos cambió de nombre, los frailes agustinos la llamaron en latín Festum Omnium Santorum que en castellano quiere decir “Fiesta de todos los Santos”. Como en el territorio huasteco se habla náhuatl, los huastecos no pudieron pronunciar la palabra Sanctorum por lo que el vocablo latino se deformó: el “Sac” cambió a “Xanc” y “torum” cambió a “tolo”, así que lo llamaron “Xantolo”.

Con la conquista espiritual, la Fiesta de los Muertos también cambió de fecha y fue incorporada al calendario gregoriano. Desde ese tiempo, se celebra los días 30 y 31 de octubre, 1 y 2 de noviembre.

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30 de octubre, Día de las flores. En la mañana se hacen las compras de todo lo que va a necesitar para hacer el arco. Se coloca un mantel bordado con llamativos colores, se hace un arco con cañas de azúcar que se adorna con palmillas, flores de cempoalxóchitl y se cuelgan frutas de temporada, amarradas con tiras de izote; al fondo de la mesa se hacen cuatro escalones que significan: el primer escalón la niñez, el segundo la juventud, el tercero la madurez y el cuarto la vejez. El siguiente paso es al más allá y se colocan las fotografías de los familiares que fallecieron.

En la mesa se disponen las veladoras: las velas chicas y grandes van en candeleros y en varias figuras de animales en barro que se hacen en la comunidad de Chililico. Se coloca también: un vaso con agua; vino o cerveza; tabaco o cigarros en pequeños platos de barro y canastas de bejuco y carrizo; servilletas bordadas y en papel de china. Se acomodan las calaveras de turrón de azúcar, dulces, chocolates, galletas, pan de muerto, frutas de temporada de la región y todo aquello que a los difuntos les gustaba en vida.

En el suelo se pone un pedazo de tronco de mata de plátano llamado chechebe en donde se colocan las ceras, una para cada difunto, así como varios floreros y copaleros para quemar copal que ha de purificar las almas. En algunos lugares de la Huasteca hidalguense cuelgan en el arco ropa, guaraches, un sombrero, un güíngaro, un machete y un paliacate rojo.

31 de octubre, día dedicado a los niños chiquitos o angelitos. Muy temprano se barre la casa y el patio. Al mediodía los familiares de los niños hacen un caminito con pétalos de flores de cempoalxóchitl desde la calle hasta donde están los arcos, para que no se pierdan las almas de los angelitos y poder guiarlas. Se prenden las veladoras chicas con el repique de las campanas de la iglesia y el júbilo del tronerío de los cohetes.

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1 de noviembre, dedicado a los difuntos grandes o adultos. Por la mañana, se prenden las ceras grandes y se ofrenda chocolate, pan de muerto y tamales. Al mediodía, los familiares hacen un caminito con pétalos de flores de cempoalxóchitl –olorosas y de llamativos colores– desde la calle hasta el arco, para guiar a las almas. En ese momento , con el repique de las campanas y el tronerío de los cohetes y cohetones, se despide a los chiquitos o angelitos y llegan al arco las almas de los adultos a disfrutar de las ofrendas que se han preparado especialmente para ellos. El humo y el olor a copal sale de los copaleros. Una vez hecha la ofrenda, se brinda, se convive y se acompaña a comer a las almas de los adultos y se comparte con los amigos, familiares y visitantes. Se intercambian las ofrendas con los vecinos.

2 de noviembre, día de la bendición, dedicado a los fieles difuntos. En la mañana se hace la ofrenda con tamales, chocolate y pan de muerto. Se despide a las almas de los grandes y se celebra una misa en el panteón, en donde se pide por su eterno descanso. Las tumbas han sido adornadas con flores, ceras y veladoras. Las ofrendas –que al término de la misa serán compartidas entre familiares y visitantes– ya están puestas en las lápidas. Los tamales, el mole, el arroz el pan, los dulces, las nueces, la fruta y demás golosinas –entre sorbo y sorbo de cerveza o vino– son saboreados al compás de las melodías que interpretan los músicos que andan en el panteón de tumba en tumba.

iconGilmar Guerrerodslr-cameraMiguel García

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