Tenangos, legado cultural de la Otomí-Tepehua

kanik-tena4Cada puntada, cada color y figura elegida para conformar un cuadro de bordado es un rasgo de la identidad de una región, de los pobladores que generación tras generación van transmitiendo su forma de ver y estar en el mundo; por ello, los tenangos son piezas únicas, diseños que no se repiten nunca.

Son un estilo de bordado muy peculiar, oriundo de la región indígena Otomí-Tepehua en Hidalgo, pero también se les puede encontrar en la sierra de Puebla; en realidad, en comunidades vecinas que comparten una misma cosmovisión y que solo están separadas por una división política.

Los tenangos se caracterizan por dibujos de alebrijes que se bordan con hilos coloridos de algodón a lo largo y ancho de un trozo de manta; y dada su complejidad, algunos bordados han sido considerados como verdaderas obras de arte, apreciadas por lo laborioso del bordado y las coloridas figuras, que invitan al observador a conocer la cultura Otomí.

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Esta artesanía es atribuida a la gente del municipio de Tenango de Doria, y es en las comunidades de San Nicolás, Santa Mónica y San Pablo, en donde tienen su mayor antigüedad; ahí, cuentan los pobladores, existen unas pinturas rupestres atrás de una peña conocida como El Cirio, que son inspirados en animales de formas extravagantes que engalanan un bordado de tenango.

Sin embargo, hay comunidades, especialmente las ya cercanas a Acaxochitlán, donde las figuras que resaltan en los tenangos no son alebrijes, sino personas o animales de granja, como caballos, borregos, gallinas y el grano por excelencia, el maíz.

En los últimos 20 años, los bordados de tenango han cobrado gran relevancia tanto a nivel nacional como internacional; la capacidad para compartir información y las gestiones sociales para reconocer la labor de las bordadores, han generado un gran auge comercial; se les puede ver en manteles, bolsas, chalinas, vestidos, blusas y hasta en cuadros; además, son fuente de inspiración para diseños de marcas tan codiciadas como Pineda Covalín.

Actualmente hay un gran número de artesanas en esta región que se dedican a bordar para sostener a sus familias, y pueden comercializar sus productos tanto en la Ciudad de México como en el extranjero; pero, no siempre fue así.

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Doña Cundita es una mujer fuerte y trabajadora, de 84 años, oriunda de Tenango de Doria, a pesar de su edad su habilidad para recordar no está mermada y, según sus memorias, ella era una niña cuando un hombre extranjero que vivía en el pueblo invitaba a las mujeres indígenas a bordar los tenangos, para después venderlos en su país.

Estos dibujos ya se bordaban en las comunidades de San Nicolás, San Pablo, Peña Blanca y El Ejido, pero eran sus propias prendas, ya que este bordado era solo uno de los estilos que se realizaban en la región, pues el “pepenado” también era una puntada característica de la cultura Otomí, que incluso se enseñaba en la única escuela ubicada en el municipio.

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Doña Cundita empezó a bordar siendo niña, y la venta de esta artesanía era un ingreso que una región indígena tan pobre necesitaba; por ello, cuando se casó y tuvo familia también instruyó a sus hijas para que bordaran.

Al principio las figuras eran de un solo color, pero con el paso del tiempo los animales se volvieron más coloridos, hasta llegar a lo que hoy conocemos como bordado de tenango.

Una de las consecuencias de la comercialización de esta artesanía es el reconocimiento de las artesanas de Tenango de Doria. Actualmente se han conformado en colectivos para llevar sus bordados a diversas tiendas con apoyo del Fondo Nacional para el Fomento a las Artesanías (Fonart).

Desde hace unos 10 años, se dio en el estado un impulso para fomentar el pago justo por el bordado, de tal forma que ya se cuenta con una marca registrada, la cual es accesible a todas las artesanas; sin embargo

hay comunidades, especialmente las ya cercanas a Acaxochitlán, donde las figuras que resaltan en los tenangos no son alebrijes, sino personas o animales de granja, como caballos, borregos, gallinas y el grano por excelencia, el maíz.

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En los últimos 20 años, los bordados de tenango han cobrado gran relevancia tanto a nivel nacional como internacional; la capacidad para compartir información y las gestiones sociales para reconocer la labor de las bordadores, han generado un gran auge comercial; se les puede ver en manteles, bolsas, chalinas, vestidos, blusas y hasta en cuadros; además, son fuente de inspiración para diseños de marcas tan codiciadas como Pineda Covalín.

Actualmente hay un gran número de artesanas en esta región que se dedican a bordar para sostener a sus familias, y pueden comercializar sus productos tanto en la Ciudad de México como en el extranjero; pero, no siempre fue así.

Doña Cundita es una mujer fuerte y trabajadora, de 84 años, oriunda de Tenango de Doria, a pesar de su edad su habilidad para recordar no está mermada y, según sus memorias, ella era una niña cuando un hombre extranjero que vivía en el pueblo invitaba a las mujeres indígenas a bordar los tenangos, para después venderlos en su país.

Estos dibujos ya se bordaban en las comunidades de San Nicolás, San Pablo, Peña Blanca y El Ejido, pero eran sus propias prendas, ya que este bordado era solo uno de los estilos que se realizaban en la región, pues el “pepenado” también era una puntada característica de la cultura Otomí, que incluso se enseñaba en la única escuela ubicada en el municipio.

Doña Cundita empezó a bordar siendo niña, y la venta de esta artesanía era un ingreso que una región indígena tan pobre necesitaba; por ello, cuando se casó y tuvo familia también instruyó a sus hijas para que bordaran.

Al principio las figuras eran de un solo color, pero con el paso del tiempo los animales se volvieron más coloridos, hasta llegar a lo que hoy conocemos como bordado de tenango.

Una de las consecuencias de la comercialización de esta artesanía es el reconocimiento de las artesanas de Tenango de Doria. Actualmente se han conformado en colectivos para llevar sus bordados a diversas tiendas con apoyo del Fondo Nacional para el Fomento a las Artesanías (Fonart).

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Desde hace unos 10 años, se dio en el estado un impulso para fomentar el pago justo por el bordado, de tal forma que ya se cuenta con una marca registrada, la cual es accesible a todas las artesanas; sin embargo, para poder obtenerla es necesario estar dado de alta en Hacienda, razón por la cual, muchas aún prefieren vender por su propia cuenta.

Para algunas personas mayores, los tenangos se han convertido más allá de un legado cultural en una forma de sustento. Doña Engracia, una mujer de 81 años, confiesa que el tenango no era su bordado preferido cuando era joven, pero actualmente, dado el valor que ha adquirido y el reconocimiento como única artesanía de la región, se dedica a vender bordados que ella misma dibuja, borda y manda enmarcar.

“Me da gusto bordar porque vendo mis cuadritos y me dejan unos mil pesos, aunque ahora ya casi no veo para bordar como quisiera, pero así lo hago y la gente me los compra”, comenta, orgullosa de su trabajo: piezas únicas que representan parte de ella misma.

iconTania Monroydslr-cameraTania Monroy

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