Adiós a la carne, desde Calnali

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Carna vale, del italiano “adiós a la carne”. En Calnali, hombres, mujeres y niños se entregan durante tres días al gozo pagano, previo a la Cuaresma. Fiesta, comida y bebida, son las protagonistas de esta celebración cuyos elementos principales tienen origen prehispánico. Hoy, este carnaval refleja desde las costumbres más arraigadas hasta prácticas propias de la modernidad. Es un retrato fiel de las transiciones de nuestra época.

Los disfraces ofrecen a los participantes la posibilidad de ser otros. Desde los representativos cornudos y comanches hasta el Joker, desfilan en cuadrillas por las principales calles de la localidad desde el mediodía, acompañados de música de banda. Ni el abrumante calor de la Sierra Huasteca hidalguense o la elaborada vestimenta que portan les resta energía, ellos siguen danzando.

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Es Miércoles de Ceniza, y las cruces en las frentes contrastan con las bebidas en las manos. El concurso de comparsas y carros alegóricos es inaugurado casi a las cinco de la tarde, mientras tanto, los puestos de comida tradicional están abarrotados. El público eufórico aplaude desde las gradas y vallas para animar el comienzo del desfile.

Es una competencia entre los seis barrios: Nueva Esperanza, Tlala, Agua Zarca, San Juan, Barrio Nuevo y Ahuimol. Durante el resto de la tarde, cada contingente pone toda su alegría en este baile para mostrar al jurado la coordinación y creatividad que lo distingue. Cada número consiste en dos filas que recorren la explanada en ambos sentidos, se encuentran e intercalan al ritmo de los sones.

Bajo la salvaguarda nocturna y el compás de los instrumentos de viento, inicia el desenfreno y se desata la locura. El Diablo, soberbio, preside los festejos desde el foro. Su tamaño y color naranja encendido sobresalen en el cielo despejado. Las personas se mueven desinhibidas bajo la estructura metálica; en cada esquina hay una fiesta nutrida por músicos, pobladores, diablos y turistas. Las hadas tienen el cabello bañado de coloridos cascarones de huevo, mientras que los niños bailan y disparan espuma sin distinción entre sus víctimas.

Al final del concurso, el barrio ganador festeja el triunfo; los demás no se desaniman, al contrario. Es la clausura oficial, pero apenas han pasado las primeras horas de luna y la banda musical no tiene intenciones de renunciar. Es una noche en la que cada quien puede olvidarse de sí mismo, recrear su identidad, pasiones y deseos bajo la protección de la noche y con la promesa de guardarse de los excesos durante los próximos cuarenta días; es así como, entrada la madrugada, se vive el ambiente en la casa del otro lado del río para decir adiós a la carne.

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icondslr-camera  Rocío Elizabeth Rivera

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