Cubana pagana, Camagüey

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Carnavales vemos, orígenes poco sabemos. El ambiente festivo invade las calles sin prejuicios ni reparo para celebrar los excesos y el placer. Maquillaje, disfraz, lentejuela, máscaras y antifaces juegan al cómplice para engañar a la moral y que la honorabilidad no quede comprometida

kanik-camaguey3Hagamos un viaje profundo al Caribe y sus perlas, donde el clima cálido hace que la ropa sea innecesaria y que la alegría crezca a la altura de los platanales pintos: San Juan Camagüeyano, la fiesta que nació en el siglo de la ilustración en el corazón de la joven Cuba, es hoy orgullo, atracción y patrimonio cultural de la Isla.

Y aunque el pretexto del carnaval de Camagüey queda con el Corpus Christi, allá en los días fogosos de junio, la celebración es total y decididamente pagana entre congas, carrozas, paseos a caballo y disfraz. En algún tiempo pasó a representar el momento ideal para que los ganaderos fueran a la ciudad a vender sus reses gordas.

Pero no fue hasta un siglo después, el XIX, que el San Juan Camagüeyano adquirió guiños de su actual tradición para dejar atrás su motivo inicial. Ya no se trata del Corpus o de vender cabezas de ganado, es la concesión que los lugareños dan al cuerpo, merecido jolgorio tras un muy largo e intenso periodo de trabajo en el campo.

 El carnaval

El primer minuto del 24 de junio (las cero horas con uno) marca el inicio del San Juan con la lectura del tradicional Bando, el permiso que las autoridades locales otorgan, desde el balcón del Palacio Municipal, para dar rienda suelta al gozo.

Todas las barriadas de Camagüey se ocupan en la cocina para preparar el mejor ajiaco, plato apetitoso y típico de la comarca. Mientras, en las calles, ya hay fogatas para iluminar las historias de alegría de las familias que departen entre rones y cerveza.

Y el clímax llega con el paso danzante de comparsas, congas y carrozas, la ciudad se viste de felicidad para dar paso al ingenio de los constructores de alegorías en vehículos que perdieron su vocación primaria.  Los barrios y calles compiten por ser los mejores embellecidos.

Tambores afrocubanos por Pedro

La muerte también es ocasión festiva en el San Juan Camayegüano, y no cualquier defunción, es la partida de San Pedro, amo de llaves en el Cielo. La representación de su funeral ficticio en el último día de carnaval, es junio 29.

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Música negra, tambores laten con intensidad del sonido afrocubano que hace juego con el repiqueteo de cencerros y las agudas trompetas que, a veces, claman a la lluvia veraniega en el adiós a Pedro y el fin de la más lucida festividad de Camagüey.

iconAlejandro Galindo, dslr-camera Francisco santiago

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