Sonoridades. La importancia de la preservación

“La idea de trabajar con el sonido con diversos fines estéticos o incluso formatos, artísticos o no, viene desarrollándose desde hace varias décadas. Hoy en día, las herramientas tecnológicas han logrado acercar a las personas que pretenden utilizar y reproducir las formas de creación, haciendo que vivamos en un mundo influenciado por las nuevas tecnologías, tanto para uso profesional, cotidiano e incluso como entretenimiento. Hoy, la gente está un poco más acostumbrada a la audición del ruido o del sonido, más allá de su concepción musical, armónica, rítmica o tonal, ya que la mayor parte del tiempo no somos conscientes de todo el sonido al que estamos expuestos.”

Isra Martínez

Si quisiéramos convocar a nuevos públicos para las artes sonoras −y no necesariamente musicales−, o las músicas electroacústicas y experimentales, tendríamos que ser conscientes en la manera en que se plantean las cosas y buscar una forma accesible que resulte fácil de entender. Sobre todo, comprender que la raíz del sonido no es sinónimo de algo musical, y que existe un proceso cultural y hasta histórico que debe suceder antes de transformarse en algo musical, ya sea académico o una contemplación particular. Así, esto nos ayuda como entes sociales a entender eso que es intangible, pero que al escuchar, deshebra lo que nos ha ido formando socialmente generación tras generación.

La gente desconoce el ámbito académico y sobretodo el carácter de investigación, exploración y experimentación que incluso rebasa el espectro artístico, es decir, los estudios acústicos, científicos, biológicos y musicales. De lo que sí se es consciente es de este mundo de sonidos sintéticos o extraños, que siempre tienden a catalogarse como ruido. Lo que la sociedad en general no ha analizado y asumido, es que vive rodeada por estos sonidos procesados o tecnológicos, resultado de estas investigaciones, experimentaciones o exploraciones, con fines artísticos o, simplemente, laborales.

El sonido reside en todos aspectos, desde las aglomeraciones y sus resultantes sonoras, los motores en cualquier avenida concurrida o el sonido de las máquinas industriales de las grandes ciudades. Asimismo, los sonidos naturales, como el de diversos ecosistemas que van desde el aire, animales, fenómenos naturales, hasta el sonido que el propio cuerpo humano produce como las voces guturales de ciertas etnias o lo que resulta de los movimientos intestinales, acuosos, del latido del corazón, entre otros. Pasamos mucho más tiempo del que creemos, o del que racionalizamos, en relación con los sonidos no musicales o lo que llamamos comúnmente ruidos o sonidos.

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A su vez encontramos que existen diversas hipótesis que han comprobado científicamente cómo el sonido tiende a tener características musicales, resultado de fenómenos naturales: el gorjeo de los pájaros, el zumbar de las abejas, el rumor del mar, el altivo canto de las cascadas o el quejido del viento, están integrados en los ecos de nuestro entorno natural, su efecto es evidente y hasta cierto punto contienen armonía y melodía como resultado de las vibraciones que las mismas producen. Si bien el sonido es vibración y la vibración es un fenómeno físico y por tanto natural, el estado anímico del ser humano cambia fácilmente por el influjo de los naturales estímulos sonoros, de modo que uno sosiega si vienen olas en la orilla de la playa o se tensa cuando anuncian peligro o amenaza, como sucede con el estruendo del huracán o el estallido poderoso de la tormenta.

Las diferenciadas voces desde el mismo parto telúrico y de la natural evolución, indujeron a muchos músicos de diversas épocas a intentar reproducirlas artificialmente mediante instrumentos sonoros. Un ejemplo de ello, es la Sinfonía Pastoral (sexta sinfonía) de Beethoven que pretende describir la dulce campiña, los verdes prados, las aguas mansas, los ciervos del bosque, el piar de las aves en un entorno de tranquilidad infinita, sólo quebrada por una efímera tormenta tras la cual retorna felizmente la atmósfera de quietud. De manera más íntima, también se pueden captar las imágenes del entorno sonoro. En oídos adiestrados, las sonoridades son paisajes y los paisajes son sonoros.

El paisaje sonoro es la representación sonora de un lugar que describe su ambiente, escuchar más allá de lo que se puede ver, íntimamente ligado a la ecología artística. Ésta surge de las investigaciones desarrolladas y realizadas por un grupo de trabajo que dirigía Murray Schafer, un músico nacido en 1933 quien también fue compositor, profesor y ambientalista en Canadá. El concepto se forma a partir de la unión de las palabras sound (sonido) y landscape (paisaje) creando así la palabra inglesa soundscape; con él se explica cómo podemos distinguir y estudiar el universo sonoro que nos rodea.

Posteriormente se funda el World Forum for Acustic Ecology y el World Soundscape Project (WSP) donde Murray Schafer y otros investigadores como Barry Truax y Hildegard Westercamp, han publicado algunos de los documentos fundacionales relativos al paisaje sonoro y la ecología acústica, buscando reunir el trabajo de los estudios sobre el sonido que de manera aislada ya se han realizado desde disciplinas como la psicoacústica, la acústica, el urbanismo, la música y las ciencias sociales.

Desde un punto de vista puramente musical, la música consta de tres elementos básicos: ritmo, melodía y armonía, además de otros elementos que dan matiz al sonido. La melodía consiste en una sucesión de sonidos con cierto sentido estético. Cada sonido se diferencia por sus propiedades físicas, sus cualidades. Pero el sonido considerado de una forma aislada ha cumplido su misión a lo largo de la historia del hombre, con independencia de que ordenados de un modo u otro constituyan una. Así́ pues, la música fue para el hombre primitivo un medio de comunicación. Por mencionar un ejemplo, para los egipcios, el Dios Thot creó el mundo con su voz.

Todos estos sonidos y sus posibilidades forman parte de su existencia y forman una identidad sonora: aquella que hace que sus recuerdos sean diferentes a los de los demás y aquella que hace que cohesione al grupo; son los sonidos propios de su mundo y del mundo que nos rodea. ¿Cómo no iba a ser importante el sonido en nuestra historia? ¿Cómo no pensar que cuando se toca una guitarra, un tambor o cualquier instrumento estamos haciendo uso de las propiedades de los sonidos que un día nos ofreció la naturaleza y que hemos formalizado estructurándolos en una secuencia jerárquica para diferenciarlos?

No te pierdas la segunda parte de este contenido en el número 11 de la revista Kanik ser culto/ ser libre…

iconKar Lóprecdslr-camera@remytzote

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