Historia de un país que se convirtió en ruinas

Descendiendo del autobús en lo que parecía ser la mitad de la nada, mirando hacia el oeste a una vasta extensión de tierras de cultivo, giré y esperé a que el autobús se marchara. Frente a mí, mientras el polvo empezaba ha asentarse lentamente, como en una escena de spaghetti western de Sergio Leone, fueron apareciendo los muros decrépitos de la hacienda La Pendencia.

Fue en un viaje de regreso desde Pinos, Zacatecas, que surgió la idea de bajar del autobús y explorar lo que fue la más importante productora de mezcal en el estado. La Pendencia se remonta al siglo XVII.

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En todo México, las haciendas formaban parte de un ambicioso plan de concesión de tierras por parte de la corona española como una forma de recompensar a los conquistadores y a otros por su lealtad al rey. La mayoría eran operados como pequeñas ciudades, dirigidas por un poderoso hacendado. El sistema de haciendas sometía a los peones a la esclavitud. Hasta que sobrevino la Revolución, cuya base era acabar con la explotación hacia los campesinos. Fue un proceso que duró años, con la expropiación de las últimas tierras de las haciendas que fueron saqueadas, abandonadas y que, muchas veces, concluía con el asesinato de los hacendados. De 14 millones de habitantes que vivían en México al principio del siglo XX, 11 millones vivían dentro del sistema de las haciendas, de los cuales 9 millones eran esclavos de las mismas.

En verdad es amargo el hecho de que la razón principal detrás de la Revolución, que se propuso recuperar los derechos agrarios y se presentó como una enorme guerra campesina, ahora se encuentra en la posición única de no tener suficiente gente para cultivar estas mismas tierras.

Uno de los aspectos que más me impactó al tomar estas imágenes, después de pasar un poco de tiempo en La Pendencia, fue la falta de gente en las calles. El pueblo se sentía muy aislado, abandonado a su propia historia, o lo que queda de ella. Algunas personas que probablemente han dejado éste y muchos otros pueblos, han emigrado a vivir el sueño americano en lugar de prosperar aquí, en su propio país. Es en cierto modo triste que el actual gobierno mexicano no ofrezca los recursos necesarios para echar andar el campo, tal interés no existe, y parecen más dispuestos a firmar acuerdos con empresas multimillonarias, que sólo enriquecen, como en toda la historia de la humanidad, a unos cuantos.

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Lo que queda por ver es cómo la actual administración en los Estados Unidos tratará a los inmigrantes, ya que su presidente Donald Trump ha prometido no sólo repatriar a todos, sino construir un muro a lo largo de la frontera que hay entre los dos países. ¿Cómo manejará el gobierno mexicano esté influjo de repatriados, si el conteo es asombrosamente alto como algunos sugieren? Y todos estos pequeños pueblos, ¿cómo se verán afectados? Si antes no había esperanza, ¿cómo será en el futuro?

Me recuerda a una vieja película con Antonio Aguilar, que representa a Benjamín Argumedo (El Rebelde) donde al final llega el general Robledo enviado por Venustiano Carranza para deponer las armas, y cuando ve a dos uniformados del ejército colgados, le pide explicación a Benjamín Argumedo, quien contesta así:

“¡Justicia!, usted me ha pedido que deponga las armas, que la Revolución violenta se ha terminado, que hemos triunfado, pero está usted muy equivocado, general; de todas partes del país me llegan noticias de intriga, de asesinatos y de traiciones, y todo por ambición al poder, muchos jefes revolucionarios se han vendido, los que entregaron sus armas se han vendido por dinero, por haciendas o por un puesto en el gobierno, y cuando están en el poder se olvidan de la sangre derramada. Sí, general, está usted muy equivocado, porque los derechos del campesino todavía no han sido cumplidos. Estos hombres que están aquí, ese hombre, un explotador de su pueblo, y la Revolución lo premió general, dándole un puesto como el suyo, ¡de general!, y a su secuaz ¡de coronel! No, general, las cosas no han cambiado, no han cambiado todavía, no hay triunfo alguno, estamos como en el principio. Y yo fuera de la ley, comienzo mi lucha, y para las traiciones, ¡esta es mi contestación, y esa es mi ley!”.

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Dominado por el instinto de hundirme en las aguas del pasado, así es como esta breve serie de imágenes me hace evocar esas mismas voces que siguen susurrando al oído la historia de nuestro país.

icondslr-camera Giacomo Della Maggiora

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