En frecuencia con el bosque mágico

Magia, fiesta y mucho baile hubo durante la segunda edición del Magic Forest, festival anual de música electrónica que este año tuvo como sede el parque nacional Peñas Cargadas en Mineral del Monte.

Tuvimos que adentrarnos en el bosque y caminar por un buen rato para llegar al recinto. Antes de llegar ya se dejaban sentir los bits y la algarabía de los asistentes que poco a poco llegaban a la cita. El anfiteatro natural donde la celebración tuvo lugar, de forma ondulada, contaba con un panorama espectacular enmarcado por árboles. Una peña, abuelita piedra, engalanaba el escenario, acentuada su belleza por la iluminación y ambientación.

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Lo esencial para un evento musical exitoso es un equipo de sonido a la altura. Y los organizadores lo sabían, por lo cual este detalle fue muy bien cuidado, con más de 12 horas de música ecualizada a la perfección.

Con más de 14 disc jockeys provenientes de distintos puntos de México y un aproximado de 400 asistentes, la maratónica fiesta arrancó a las 20 horas con una atmósfera cargada de misterio gracias al progressive que brotó de las bocinas saturando el ambiente hasta entrada la madrugada cuando el deep house levantó un poco los ánimos durante algunas horas.

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Apenas rebasando las tres de la mañana, a la hora maldita donde los demonios emergen a la Tierra, el psytrance al fin se adueñó de la noche, llevando el baile y los ánimos al punto más álgido. Varios asistentes decidieron moverse al campamento para recargar la pila y seguir con el baile, entradas las 4:30 de la mañana, ya éramos pocos bailando, algunos se encontraban sentados o acostados pero siempre disfrutando la música y el paisaje.

Las horas transcurrían lentas, se saboreaban. Pero luego del amanecer, renovados los ánimos por el olor a café de olla, la fiesta tomó nuevos bríos, los bits subieron de intensidad, llamando de vuelta a la concurrencia hacia fuera de las casas de campaña.

El frío no pudo resistirse ante la presencia del astro rey y el cansancio cedió frente a las ganas de fiestear. Entre plática, risas, baile y buena vibra la noche surreal se fue desvaneciendo lentamente, arrojándonos de vuelta a la cotidianidad, odiada por muchos, que un puñado de locos nos aferramos a amar.

icondslr-camera  Mario Rupestre Cruz

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