NEMOCÓN, que en lengua Chibcha, significa “Lamento de guerrero”

Entre los lugares mágicos y especiales en los alrededores de Bogotá sin duda, las minas de sal ocupan un lugar importante.  Desde la primera vez que visité la capital colombiana tenía la referencia de la mina catedral de sal de Zipaquirá, que merece todo un punto y aparte, la cual conocí en 2015, pero quería conocer la otra maravilla entre natural y realizada por el hombre como no hay muchas en el mundo, sé que existen  otras, las más visitadas, una en Alemania y la otra en Polonia.  Pero con la gran ventaja esta vez, de estar cerca de Nemocón a solo 1 hora de Bogotá, donde resido actualmente.

Así que el domingo pasado, el fotógrafo y yo, salimos por carretera de la congestionada capital aprovechando un día soleado (algo no muy común aquí).  Después de una parada obligada a mitad del camino para almorzar, llegamos a medio día al pueblo de Nemocón inmediatamente nos trasladamos al ingreso de la mina a 200 metros de donde pudimos estacionar el auto.

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Pagamos veinticuatro mil pesos colombianos por persona equivalentes a seis dólares americanos y pudimos comenzar con el recorrido, primero por el museo de sitio donde un guía, una vez juntado un grupo considerable de turistas, nos explicó que nos encontrábamos en un lugar con una rica historia prehistórica donde pudimos observar restos fósiles de plantas y animales encontrados en la región y que datan de miles de años atrás.  Maquinas procesadoras de sal para consumo humano de diferentes épocas y hasta una reproducción a escala de un mastodonte.  Dicho esto salimos del recinto y disfrutamos de una presentación de danza típica de Colombia, niños y adolescentes que forman un ballet de cumbia Sampuesana.  En eso nos llama el guía y nos avisa que estamos listos para adentrarnos en las entrañas de la tierra previo a colocarnos casco protector de mineros.

La emoción fue patente en el grupo y en la entrada a la mina nos aconsejan bajar los primeros escalones con cuidado ya que la altura del túnel es de solo 1.80 metros a pesar de, con el casco puesto, fui el primero que se dio un golpe por no seguir las indicaciones.  Llegamos a la rampa para seguir bajando y la oscuridad relativa nos obligaba a ser cuidadosos y sujetarnos de la soga ya que el piso estaba resbaloso pero bajamos sin complicaciones.  Suelo, paredes y techo totalmente recubiertos de sal aunado a la iluminación tipo led en colores vivos nos daban una atmósfera surrealista y eso no era nada, al llegar a lo que pensé era una gran oquedad en la tierra sentí el vértigo que me acompaña siempre en las alturas pero el guía nos explicó que en realidad se trataba de un gran espejo de agua de salmuera con una concentración tan alta de sal que era lo que daba precisamente ese efecto.  La sesión de fotos inició en el grupo y al saber que era agua se perdió el miedo de estar al borde del espejo  ya que no había el precipicio que pensamos.

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Continuamos el recorrido hacia más cámaras de espejos naturales y llegamos al manantial o pozo de los deseos donde están las clásicas monedas tiradas  por los turistas esperando se cumplan sus anhelos, práctica prohibida actualmente, dice el guía que porque es imposible sacar las monedas ya que cualquier ser humano flota sin poder hundirse debido a las concentraciones de sal, que es en éste caso 3 veces mayor a la del mar muerto.   Siguiendo nuestra aventura llegamos al santuario con imágenes religiosas clásicas de la iglesia católica donde años atrás los mineros podían orar de acuerdo a sus creencias, caminamos cien metros y llegamos ante la imagen de un corazón rojo tallado en una roca de sal que es un elemento emblemático de esta mina con más de 500 años de historia bajo tierra, nuevamente sesión de fotos del grupo entre amigos, parejas y hasta solos.  De ahí llegamos a la impresionante cascada de sal de más de 80 años de antigüedad y seis metros de altura, en ese pasillo vimos colgados cuadros y montadas esculturas de algunos artistas locales que daban impresión de exposición escolar pero en un espacio totalmente inverosímil.  Casi al final del trayecto nos dirigimos a lo que más de alguno esperaba, la escenografía utilizada para la película de Hollywood titulada los 33, filmada aquí, con la historia de los mineros chilenos rescatados en aquel accidente  tan publicitado hace algunos años, vimos la cámara donde supuestamente se desarrolló la historia y los cascos firmados por los actores que dieron vida a esos personajes de mineros,  el más fotografiado, obviamente, el de Antonio Banderas quien fue el protagonista.  Al lado derecho una gran bandera de Colombia mirando de frente a la bandera chilena.

Iniciamos la salida estando a ochenta metros de profundidad bajo la montaña y por medio de rampas y al final escalones llegamos de nuevo a la superficie, emocionados y satisfechos de haber conocido tan solo uno de los lugares mágicos por descubrir que tiene este país llamado Colombia.

iconArturo Valdez  dslr-camera Jaime Corredor

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