Ilustración

El quehacer de un sinquehacer

Entre los múltiples ejercicios de un ilustrador, aquel que más se goza es el que nace de un momento inesperado. Dice Izmael Quiroz, diseñador gráfico, que “al inicio lo más complejo es creer que dibujar cambia algo, porque las personas se encargan de decirte que no sirve de nada crear imágenes profundas en una sociedad en la que se necesitan imágenes que vendan”, ejercicios que él considera para mercadólogos o publicistas.

Entonces, ¿qué es lo más profundo de la ilustración? En ámbitos laborales me atrevo a decir que lo más hermético es que se compre; sin embargo, aunque dicen por allí que el cliente siempre tiene la razón –y aun manteniendo la apertura y la tolerancia a las ideas de los demás–, parece incorregible el consumo de imágenes que no nos dicen nada o bien que nos dicen algo superficial por parte de nuestros clientes. Es inútil pensar en quién tiene la culpa de ello en estos momentos.

El quehacer de ilustrar radica en un proceso de intervención de la experiencia; es decir, el hacedor durante su creación debe mediar entre lo que quiere decir, cómo lo va a decir y lo que siente al externarlo. Al recordarlo parece sencillo ¿no? Cada persona que se atreve a mostrar un poco de su locura o bien de su cordura, pónganle el título que quieran según sus prejuicios, está reafirmando una idea a la par de que se la cuestiona. Ejercicio de excéntricos, acción de aquellos que confrontan realidades, las imaginan, las crean y con ello nos eclipsan, nos hacen dudar o creer que la vida puede ser diferente. Labor de aquellos que quieren cambiar el mundo y lo hacen ilustrando.

La dificultad a la que nos confrontamos los analistas de imágenes es al “qué nos dicen” y sobre todo, el “para qué las hacen”. Ilustrar, entonces, es una tarea indispensable para este mundo de imágenes en el que vivimos, pues la esperanza radica no en el consumo, sino en la creatividad que ayuda a mejorar las condiciones de vida, mental y emocionalmente.

¿Por qué la ilustración es una posibilidad de hacer una diferencia entre lo que ya existe visualmente? Primero, porque no cualquiera ilustra; posteriormente, y como causa, porque es un proceso tardado en el que el desarrollo del mismo se basa en la observación, tarea que actualmente pareciera más una pérdida de tiempo, pues antes se realizaba de manera natural ya que ésta se reconocía como la base del conocimiento; sin embargo, ahora procrastinar es un ejercicio de gente que no genera dinero, o al menos eso parece. Para mí, observar y detener un poco lo que hacemos no es cosa de flojera, es también una oportunidad de comprensión, creación, aporte y cambio.

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La ilustración del cambio

El proceso artístico que conlleva en este caso una ilustración es una situación de fluidez que se soporta de la percepción, la sensación, el pensamiento y el sentimiento, para reconocer con ello lo que conmueve y modifica de y en nosotros el ejercicio del trazo, puesto que las intenciones de construcción en este caso, trascienden la mera mercadotecnia. Es como decía David Lynch: “El arte no cambia nada, el arte te cambia a ti.” Así que, dentro de la labor de un sinquehacer, existe una función social que aún sin reconocerse por las circunstancias que sean reconstruyen nuestras percepciones y sensaciones a través de sus mundos imaginarios, pues el quehacer de un sin quehacer es el proceso de remodelación del entendimiento sobre la realidad.

iconOrquídea Fosado dslr-camera Izmael Quiroz

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