ARTISTA / TURISTA

Ser turista es muy artificial, es algo que se hace de fuera hacia dentro; es decir, no es algo que naturalmente salga de uno, sino que se hace para mostrarse ante alguien más. Los turistas visitan un lugar para mostrar después que así lo han hecho; por eso tanto selfie. Pero, ya de entrada, cuando visitas otro lugar, fuera o dentro de tu país, como que la gente sabe que no eres de ahí. Hay algo en tus atuendos, en tu mirada sorprendida, en tu forma de recorrer el entorno que te hace visible, siendo inevitable esconder tu condición de fuereño. La condición del artista requiere de los viajes, sobre todo en la actual situación en que la globalización lo permea todo; en mi caso siempre trato de escapar de esos paquetes de viajes prefabricados en los que se hacen visitas a lugares con los tiempos de visitas determinados por alguien más. La verdad, no me gusta mirarme a mí mismo como un turista.

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A pesar de mi aversión por el turismo, las cifras indican que esta actividad es favorable para la economía de algunas regiones del mundo, que viven solamente de los visitantes. A nivel mundial, el volumen total del negocio del turismo excede actualmente al de las exportaciones petroleras, al de los productos alimenticios y al de la industria automotriz. El turismo cultural –que se enfoca en conocer, comprender y disfrutar del conjunto de rasgos culturales de una sociedad– es un importante sector en México, de acuerdo a la Secretaría de Turismo. Sin embargo, hay que considerar que el turismo puede degradar el entorno natural, dando lugar a poblaciones saturadas por la cantidad de desechos que traen los visitantes o que éstos generan ahí. Así mismo, hay que mencionar que puede ocurrir también la disneylandización de un poblado al maquillar completamente su aspecto, lo que ocasiona que el lugar deje de tener las características originales que fueron precisamente los atractivos turísticos y que ahora no son más que un conjunto de elementos decorativos ficticios asomándose entre las ruinas de otros tiempos.

Diversos artistas contemporáneos han jugado a ser turistas. A continuación mencionaré cuatro ejemplos de la relación entre el arte y el turismo; dos de ellos de artistas mexicanos fuera de nuestro país y los otros dos de artistas extranjeros en México. En 1971 Felipe Ehrenberg realizó una caminata turística por el barrio de Islington, en Londres, y mientras lo hacía, mandaba postales desde los puntos que iba recorriendo. Las postales eran la documentación misma de la acción y fungían un papel pre-GPS al ser indicaciones de la ubicación espacial del artista. Así lo conceptualizó Ehrenberg: “Si la definición de una escultura es aceptada como el enfoque de la acción/movimiento físico ocasionado por un esfuerzo mental/creativo resultando en una forma, una caminata es una escultura”.

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Un par de años antes el artista estadounidense Robert Smithson hacía un recorrido por la Península de Yucatán, deteniéndose en diferentes lugares en los que colocaba espejos, en una serie que titularía Desplazamientos de espejos. En una de sus libretas de viaje Smithson escribió: “En el espejo retrovisor apareció Tezcatlipoca, demiurgo del espejo humeante. Todas esas guías turísticas son inútiles, dijo. Debes viajar al azar, como los primeros mayas. Aunque te arriesgues a perderte entre los matorrales, ésa es la única manera de hacer arte.” Es notoria en esta frase la actitud del artista que se entrega al viaje a la deriva, sin una ruta predeterminada, de forma que evita así los “lugares comunes” abriendo la posibilidad de una nueva forma de mirar, pensar, hablar y crear.

Francis Alÿs, en su documentación fotográfica de 1994, Turista, se retrata en medio de un grupo de albañiles, carpinteros y plomeros que ofrecen sus servicios afuera de las rejas de la Catedral Metropolitana en la Ciudad de México con un letrero que dice “turista”. Su acción está muy vinculada con la idea misma del artista como vagabundo, pero también es un cuestionamiento sobre las implicaciones de ser extranjero en México. Al mostrarse a sí mismo como un turista profesional, Alÿs jugaba con esa etiqueta, mientras realizaba una actividad que no era un trabajo pero tampoco una forma de ocio.

En un viaje a Brasil en 1991, Gabriel Orozco realizó una instalación de sitio específico en un mercado vacío en la ciudad de Cachoeira. Se encontró con unas naranjas podridas y las fue colocando sobre las mesas de los puestos; mientras lo hacía, una persona de la localidad lo llamó turista maluco –turista loco– frase que daría nombre a la documentación de esta pieza. Al crear este tipo de obras que se infiltran en la cotidianeidad, Orozco tiene un doble estatus tanto de fuereño como de demente, en la marginalidad misma del tipo de obras que realiza utilizando materiales sencillos, pobres. Todo turista es un loco, pues no sigue las reglas de las costumbres de los lugares que visita; no por nada, el Arcano sin número del Tarot es el Loco, un personaje que camina libre por el mundo.

icondslr-camera Eric Reyes-Lamothe

eric-reyes.com

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