Giro en puntas

Texto y fotos:Cynthia Hernández Mayol

Una charla junto con el joven fotógrafo cubano Gabriel Dávalos.

La Isla de Cuba como símbolo de expresión del arte americano y caribeño engloba una mímica de sensaciones espirituales y racionales en su corazón nacional, jóvenes creadores cubanos, máximos exponentes de lo más evolutivo y lo más soberano nacional, se han apropiado de estándares atrevidos para explotar su mímica cultural. Dentro de ellos se hallan nuevos pintores, bailarines y también fotógrafos, como es el caso de Gabriel Dávalos, fotógrafo cubano graduado de Periodismo de la Universidad de La Habana, Cuba.

Dávalos se desempeña como un mago de las alturas y del vuelo angelical de numerosas bailarinas, quienes fueran, cubanas o extranjeras, clásicas o contemporáneas, que posan para un lente callejero que saca a la danza de los tabloncillos de ensayos, o de los telones de teatros.

Es el deseo del artista, para transmitir precisamente qué nos puede significar la danza a cada uno de los espectadores como entes decodificadores de ese lenguaje corporal que atrae la atención de quienes aman el giro en puntas. Como diría Gabriel: “no existe un lenguaje corporal más exacto para describir esta ciudad -La Habana- y la gente que la habita, que el lenguaje de la danza”.

“Aquí todo es sensual: desde la forma de movernos en nuestra cotidianidad, cómo nos expresamos, las miradas, hasta las texturas de las piedras que levantan paredes coloniales, los ladrillos derruidos, la arquitectura. La Habana es una ciudad que provoca todo tipo de sensaciones”.

Dávalos despertó su ambición y su inclinación hacia el mundo de la fotografía de forma inesperada. Tan sólo cursaba su año primero en la carrera de Periodismo en la Universidad de La Habana.

“Yo nunca había ido al ballet. Para mí el ballet era la música. Más bien crecí bajo el concepto machista de que el ballet no es para hombres. Fue hasta un día en primer año de la carrera que un par de amigos me presentaron a Viengsay Valdés, primera bailarina de Cuba. En aquel entonces, Viengsay había sido recién promovida a primera bailarina. Me invitaron a la función y terminé enamorado del ballet”.

“Asistí a muchas presentaciones del Ballet Nacional de Cuba, y cada vez  que estaba en el teatro como otro más de los tantos seguidores del Ballet Clásico, me imaginaba una toma diferente, una fotografía en mi mente. Veía el ballet como fotogramas. Guiñaba el ojo o hacía un chasquido con los dedos de la mano cada vez que veía una foto, pero en aquel entonces no contaba con una cámara profesional para trabajar. Ahí fue cuando me decidí a ponerle todas mis energías a la fotografía de las bailarinas”.

Nos narra Gabriel Dávalos de sus inicios de vocación de fotógrafo: “ocasionalmente por hobby hacía fotografías a mis amigos en cumpleaños, fotos de 15, pero con cámaras de mano. Nunca me lo tomaba como algo en serio”.

“A medida que me fui relacionando el ballet con la fotografía se me fue haciendo necesaria y desde sus orígenes ligada al ballet”.

Este artista quedó atrapado bajo la magia de los bailarines del Ballet Nacional de Cuba, tanto, que su temática principal de trabajo no da un salto fuera de la puntas de las zapatillas o de los tacones de la bailarinas.

“Encontré el lenguaje que necesitaba para comunicarme: ese era la danza,  y que tanto me estaba aportando con su sensibilidad, con los detalles más sublimes que tiene la realidad en que habito. Yo digo que mi obra fotográfica tiene que ser una mezcla entre el periodismo y la fotografía. Soy muy sensible a la realidad que vivo, a veces me da grandes alegrías y a veces me aplasta”.

“Pongo la bailarina con la pose que yo quiero comunicar, pero la ciudad que está detrás es la que está pasando”.

“Así me da un poco la historia de la ciudad, de la gente en ese momento, con el pretexto de la bailarina, que es un lenguaje universal, tan primario que puede sentar a la mesa a personas de diferentes ideologías, religiones, etnias u orientación sexual”.

Las instantáneas de Dávalos revelan una imagen diferente, más casual, más sencilla y más cotidiana de las bailarinas, consideradas como el éxtasis de la figura humana.

“Existen varios proyectos en el mundo como el mío. No soy el único que saca a los bailarines a la calle. Pero la mayoría de lo que he podido ver está enfocado en el fashion, la perfección de la bailarina o del bailarín, de sus cuerpos, del  vestuario, o  de cómo lo usan. Sin embargo, desde el principio siempre me propuse de que lo más importante no fuera el glamur sino las sensaciones, la historia, y lo que estaba pasando ahí. Por ello digo que mis fotografías son una mezcla de lo artístico con lo documental”.

Profesionales tanto del Ballet Nacional de Cuba, de las compañías cubanas Habana Compás Dance y Habana Queens, como del entorno extranjero, han sido punto de enfoque del lente de Gabriel Dávalos.

“Trato casi siempre de que las bailarinas sean profesionales, porque es muy difícil trabajar con bailarinas no profesionales,  porque yo no soy bailarín, a pesar de que he adquirido cultura de danza, pero desconozco de precisiones técnicas que sólo ellos dominan. Hasta el momento he trabajado con bailarines cubanos en cualquier parte del mundo, tanto del ballet clásico como del contemporáneo, como Habana Compás Dance y Habana Queens”.

“Con cinco fotos de Habana Queens participé en un concurso en Colombia, en donde participaron 70 artistas de países de Latinoamérica, y al final fueron escogidos 10 ganadores, dentro de los que me encuentro yo, con la posibilidad de exponer en ese país”.

Gabriel Dávalos, joven talento de la cultura cubana, deslumbra por estos días con su primera exposición fotográfica personal presentada en La Habana, con una serie de fotos que “sólo cuenta algunas historias de la ciudad y de quienes la habitan, a través de ese lenguaje universal”.

La exposición celebrada en el Palacio de Lombillo, exhibe muestras de las primeras fotografías que tomó Dávalos en el inicio de su gran travesía como fotógrafo.

“La primera foto que tiré fue la primera que tomó relevancia artística para mí”.

“Un tenor italiano, discípulo de Luciano Pavarotti me pidió que fuera el fotógrafo de su presentación en La Habana, yo le expliqué que no tenía cámara, pero él me puso una gran cámara en la mano, de gama muy alta, y me pidió que le tirara unas fotos, aunque yo le aclaré que no tenía práctica. Él me dijo que tenía dos días para estudiar”.

“Yo como autodidacta, ya había estudiado en la casa por mi cuenta, pero todavía no tenía la cámara, y ese mismo día, al mediodía cuando me la entregó, me puse a pensar, y en cuanto llegué a la casa llamé a una bailarina, le pregunté si se atrevería a ver qué podría pasar entre sus poses y el lente, nos subimos en una azotea en el Cerro, municipio de  La Habana, capital de Cuba, y le dije: ahora cuando yo te diga salta, saltas, que voy a ver qué puede darnos. Cuando terminé y vi la foto me di cuenta que era la indicada. El mismo día de la ópera, por la tarde terminé de hacer esa sesión y llamé a otra bailarina, y la invité a una sesión de fotografías en el Malecón de La Habana”.

“Aquella sesión de fotos en el Malecón donde saltaron juntas a un metro sobre el muro,  a riesgo de que la toma no sirviera para mí, fue de mucha adrenalina y de mucha motivación. Fue como el punto de partida para que después otras quisieran, se arriesgaran, y yo mismo me motivara a hacerlo”.

“Esas dos grandes fotos fueron fruto de mis dos primeros días como fotógrafo. Durante mucho tiempo las mantuve ocultas, no se las mostré a nadie. Y pasaron meses. Estuve un año con las fotografías escondidas sin mostrárselas a nadie”.

Gabriel Dávalos nos cuenta su historia llena de optimismo, que resurgió dentro de las páginas de facebook, la vida de imágenes que parecían ocultas dentro de la memoria de un ordenador. Su idea es ambiciosa y muy visual.

“En mi caso, lo que busco es que la fotografía me seduzca y me estremezca. Me inclino más por  lo sensorial que por lo técnico, creo que por mi formación autodidacta”.

 “Para obtener una buena fotografía hay que tener una buena técnica, una buena idea y algo que nadie sabe lo que es, que es la magia”.

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