Mi caracter

En el camino de mi ser lo tradicional e irreverente; los llevo entrelazado en mi corazón,

ser mujer completamente maravillosa tiene ardua investigación en gozo y desolación,

en esta vida que llevo ininterrumpida el descubrimiento de mi ingenuidad infinita; hace aparecer

un arcoíris después de una tremenda tormenta,

mi juventud es ahora

me digo a mi misma no desperdiciarla en banales torpezas

que arriesguen mi ser natural de luz cósmica, la arquitecta de mi destino soy yo,

he de jugarla con honor en cualquier situación le imploro al presente seguir en este viaje de amor,

que el tiempo me estreche y me ame compartiendo una miranda al constante devenir de buena

suerte.

icon SIRELI, dslr-camera RAFDVC

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Entre la gráfica y la tradición oral.

Un proyecto mágico.

Es interesante observar cómo actualmente vivimos un boom del uso de las prensas móviles en México. Es digno de plantearse este tema y preguntarnos, ¿en qué momento el grabador decide salir a compartir el quehacer gráfico al espació publico? Para abordar lo general partiremos desde lo personal en un proyecto que llevo desarrollando desde hace algunos años, del cual hablaremos de manera extendida en esta publicación.

Mi motivación personal fue crear una idea que me brindara un sustento económico fuera de lo que podría otorgarme un trabajo docente o un estudio de maestría y hacer grabado en las calles era una solución que había visto en otros colectivos gráficos.

Decidí acercarme a los espacios que yo consideraba públicos: el tianguis de la Providencia, la Arena Afición, el parque Hidalgo. Afronté diversas situaciones durante ese proceso, pero lo que dirigió mi proyecto hacia las historias fue el diálogo que se formaba con el consumidor/observador cuando veía el proceso de estampación, ya que anteriormente no consideraba el hecho de proponer historias en las imágenes. Aun así, siempre existía la pregunta, “¿y esto que significa?”, lo cual era un detonante para intercambiar anécdotas cuando el observador se sentía identificado con la imagen.

Omar navia2.jpg

Al darme cuenta del valor que poseían las anécdotas de las personas decidí utilizarlas como recurso visual en mis obras, así que cuando la gente me hacía la misma pregunta, la respuesta se enfocaba en la narración de la anécdota que me había sido contada por otra persona. Esto me llevó a ir recolectando diversas historias conforme mis proyectos de arte me lo permitían en diversos estados del país, reflexionando en cada encuentro: ¿cuál es el valor de estas historias? y ¿por qué sigo utilizando un medio gráfico como la prensa y la estampa para contarlas?

La importancia de las historias radica en tres razones:

La primera es que son un organismo perfectamente planeado por siglos que funcionaba para transmitir eso que llamamos “tradición oral” y su rescate es algo que de cierta manera nos acontece a todos.

La segunda, sería denotar que existe una hibridación en la cultura oral actual, ya no sólo se perciben elementos clásicos ú originarios del país, sino que ahora interactúan con toda una “cultura global”. Por ejemplo, un Chucky que es amigo de la Llorona y son casados por niños que cargan una cruz de madera para protegerse (narración de niño en Puebla). El contenido visual que estas hibridaciones contienen permite una gama amplia de creación para mi área de trabajo.

La tercera es para usar las historias como una herramienta para mitificar personajes o lugares. Saber contar estas historias ayuda a rescatar a los hombres y mujeres que luchan por causas en nuestro México contemporáneo y así evitar que se pierdan en la inmediatez de los nuevos medios que los degradan a un nivel de noticia.

Omar navia3.jpg

En cuanto a la segunda pregunta la dividiré en dos intenciones:

La primera es que la gráfica siempre ha estado interesada en representar los aspectos sociales. Lo vemos en los carteles políticos contra el fascismo, la gráfica del ’68 y la gráfica expresionista alemana. Cada una de ellas se identifica por ser un reflejo del aqueje o la pérdida de algo en la sociedad, ya sea por su bajo costo su facilidad de reproducción y transporte o por su adaptabilidad siempre ha acompañado a un sinnúmero de proyectos y movimientos sociales.

La segunda es que la prensa es el medio mas idóneo para generar una estampa, pero es necesario adecuarla para que sea llamativa y transportable. Estos son factores que se vuelven fundamentales a la hora de sacarla al espació publico, debido a que uno debe buscar un detonante para destacarse frente a todo ese “ruido” visual que existe, y qué mejor manera que una prensa que salga de todo lo “común” con lo que se encuentra generalmente un transeúnte.

Por último, me gustaría compartir dos preguntas que últimamente me hago: ¿Cómo podría contribuir una persona ajena al rescate? y ¿qué sigue después del mágico tórculo?

Muchos piensan en hacer cambios muy grandes y planean acciones movidos por grandes masas, pero pocos piensan en dónde se encuentra el verdadero “poder” para cambiar algo.

Yo sugiero llevar un buen café o té y tocar las puertas de los vecinos, escucharlos, dialogar e indagar sobre sus vidas. Mis historias no pertenecen a grandes personajes influyentes, sino a personas que bien podrían ser, como ya lo dije, nuestros vecinos.

Después de dos años realizando este proyecto, éste me ha llevado a inquietudes nuevas. He disfrutado mucho interactuar con las personas y me he involucrado socialmente con ellas. Ahora tengo en mente una propuesta gráfica nueva llamada Manuales de supervivencia en la que intento involucrar a los locatarios de cualquier región, zona o comunidad para que identifiquen los elementos y las personas distintivas del lugar donde viven para que generen un manual que incluya desde “a qué hora es mas seguro salir”, hasta “¿cuál es el puesto de ‘quecas’ mas sabroso?, y así aprender ahora a generar nuevas historias que son narradas de una manera integral y social.

Y bueno… seguiré recolectando historias y contándolas, porque he llegado a amarlas tanto como si fueran mías.

Agradezco a Elda Juárez. Fueron sus preguntas las que guiaron estas reflexiones.

icondslr-camera Omar Navia

El tenor que llegó a ser presidente

En las últimas décadas la figura presidencial en México ha sufrido un desgaste social notable a consecuencia de las pifias, errores y la torpe personalidad de quien ha ocupado la silla del Ejecutivo Federal. Es probable que a partir de la administración de Carlos Salinas de Gortari, quien gobernó de 1988 a 1994 el descrédito de la figura presidencial haya ido en aumento. Con Vicente Fox (2000-2006) –que ha pasado a la historia como un presidente folclórico, por su lenguaje vulgar, el uso de botas vaqueras en actos protocolarios y su peculiar forma de practicar la política– pensábamos que la denigración y el deshonor de la institución presidencial había tocado fondo, pero llegó el actual jefe del ejecutivo (quien termina su mandato el próximo año) y en verdad ha superado a Fox en ignorancia incompetencia e ineptitud; así lo han documentado los centenares de videos y fotografías que circulan en las redes sociales. Todo lo cual, lo ha colocado como el hazmerreír de la política de los presidentes emanados del Partido que se ostenta como el heredero ideológico de la Revolución Mexicana.

            En este año que está iniciando y en el cual tendremos elecciones para presidente de la República, es preciso rememorar el caso de un revolucionario sonorense que también fue un ilustre cantante. Se trata del destacado tenor de nombre Adolfo de la Huerta, nacido en Guaymas Sonora en 1881.

Como se sabe, De la Huerta llegó a ser presidente interino de la república, antes de cumplir los 40 años de edad, a raíz del asesinato de Venustiano Carranza en mayo de 1920. Una vez instalado en la silla presidencial, convocó a elecciones en ese mismo año resultando electo el general Álvaro Obregón, quien fue presidente de la república de 1920 a 1924.

            Las anécdotas que refieren las personas que conocieron a De la Huerta afirman que en los aciagos días de las luchas constitucionalistas entre 1913 y 1914, Carranza y Obregón solicitaban al joven sonorense que cantara para paliar las jornadas militares, con la frase: “Canta, Fito… canta”, en alusión a la magnífica voz que poseía. Los propios generales revolucionarios se mofaban de él llamándolo “tenorcillo revolucionario” o “El presidente corista”, entre otros motes. No obstante, debido a su congruencia política, a su vida modesta y a su pasión por la música, ha pasado a la historia como: “el único presidente honrado que ha habido en un país de sinvergüenzas y ladrones”.

            Una vez apaciguada la lucha de facciones, con la presidencia de Obregón (1920-1924), Adolfo de la Huerta fue nombrado Secretario de Hacienda, pero en la sucesión presidencial de 1923, nuestro personaje se opuso a la candidatura de Plutarco Elías Calles y con ello se alejó de Obregón, al grado de que lanzó su candidatura presidencial apoyado por el Partido Nacional Cooperatista, hacia finales de ese mismo año. En su breve campaña realizó un mítin en Pachuca, en el cual logró reunir un gran número de simpatizantes en la Plaza Independencia, teniendo como fondo el Reloj Monumental.

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Debido al constante bloqueo y a la franca animadversión de Obregón y Calles, el ex secretario de Hacienda llamó a una rebelión armada, desconociendo al presidente de la república en diciembre de 1923. A esta movilización militar se le conoce como la “Rebelión Delahuertista” y cundió por toda la república; conviene recordar que prácticamente la mitad del ejército revolucionario apoyó el alzamiento rebelde. La historia nos dice que la revuelta fue derrotada militarmente entre febrero y marzo de 1924, y entonces Adolfo de la Huerta se exilió en Estados Unidos.

A diferencia de los expresidentes de hoy en día, nuestro personaje no contaba con pensiones millonarias, ni con favores políticos de por vida, por lo cual tuvo que trabajar para ganarse el sustento. Para ello estableció un estudio de música y vocalización, en la ciudad de Los Ángeles, California, donde enseñaba el arte del bel canto a artistas noveles de Hollywood. Sus biógrafos afirman que una de sus frases preferidas era algo así como: “Si el alumno no canta, yo lo hago cantar; al tenor lo convierto en bajo y al bajo en tenor…”. Tal era su prestigio y fama en Estados Unidos que el hijo de Enrico Caruso llegó a estudiar con el ex presidente interino mexicano, y el mismo tenor que había visitado México en 1919 se refirió al maestro de canto como un “eximio tenor” y lo consideraba casi como su sucesor musicalmente hablando.

            Adolfo de la Huerta regresó a México durante la presidencia de Lázaro Cárdenas a mediados de la década de 1930 y murió en condiciones modestas en la ciudad de México en 1955. En este lapso siguió dando clases de canto. Su secretario particular afirmó en sus escritos: “No robaba ni asesinaba… ¡pero sabía cantar!” En efecto, el ex presidente interino Adolfo de la Huerta ha sido un caso extraordinario de un artista del bel canto que además fue un político que no robó ni asesinó. Tal vez por esa razón no ha tenido los suficientes reflectores en la historia de México, ya que estamos ante un acontecimiento insólito e infrecuente de un político mexicano con sensibilidad artística y además honrado.

icon Daniel Escorza Rodríguez dslr-camera Internet

Secretaría de Cultura, una apuesta que tal vez se pierda

La Secretaría de Cultura de Hidalgo está a punto de cumplir un año de su creación, como una apuesta del gobernador Omar Fayad Meneses por fortalecer el sector cultural en la entidad.

Sin embargo, el 2017 está por acabar y el balance se vaticina negativo dado que se han conseguido algunos logros, pero se han perdido programas de importancia para la vida cultural en el estado, además de que ha disminuido drásticamente el número de actividades gratuitas para la población, a lo cual se le agrega que dichas actividades (generadas por la institución) son menos en comparación con años anteriores.

En octubre del 2016 se anunció el nombramiento de José Olaf Hernández Sánchez como “Enlace del Gobernador para la Creación de una nueva Política Pública del Estado de Hidalgo”, durante una reunión realizada en el Foro Cultural Efrén Rebolledo que sostuvo el gobernador Omar Fayad Meneses con los directivos del entonces Consejo Estatal para la Cultura y las Artes (Cecultah). En dicho encuentro instruyó a Hernández Sánchez para gestionar los recursos pendientes ante la Secretaría de Cultura federal y el gobierno entrante, con la finalidad de solventar proyectos y programas rezagados y crear nuevas estrategias en beneficio de actores, escritores, gestores, creadores y consumidores de cultura en general.

Fue así como inició la consolidación de la nueva Secretaría, para lo cual se realizaron foros en diferentes municipios, con lo que se debía nutrir el proyecto de la naciente dependencia a partir de comentarios y propuestas surgidos de la misma comunidad artística y cultural hidalguense. Dicho proceso se realizó durante los últimos meses de 2016.

Para mediados de diciembre de ese año, el gobernador hizo el anuncio de la creación de la Secretaría de Cultura de Hidalgo, y para los primeros días de enero fue publicada en el Diario Oficial del Estado de Hidalgo. Sin embargo, durante los primeros meses del año la nueva dependencia no contaba con un titular.

Fue hasta el 12 de junio cuando, ahora sí, Olaf Hernández fue designado oficialmente como Secretario de Cultura. Durante los meses previos a su nombramiento se hizo cargo de la programación de actividades y la difusión de su imagen como nuevo funcionario, a pesar de seguir teniendo el cargo de “Enlace”.

La primera gran actividad de la Secretaría de Cultura de Hidalgo con Olaf Hernández como titular fue la Feria del Libro Infantil y Juvenil Hidalgo 2017, donde radica uno de los logros más notables de la dependencia: llevar las actividades de la FLIJH17 a 14 municipios además de Pachuca. Sin embargo, llevarlas no siempre significó contar con afluencia suficiente, pues en algunos casos los visitantes no fueron los esperados. Aún así, el antecedente quedó registrado como la primera emisión en la que oficialmente se descentralizaron las actividades de dicha feria.

Por el contrario, durante los últimos meses ha disminuido notablemente la cantidad de actividades generadas por la dependencia, ya que las más destacadas han sido emprendidas de manera independiente y la institución simplemente se ha sumado con los recintos o con aportación de recursos. La justificación que dio el titular ante medios de comunicación es que eso se debe a un considerable recorte de recursos provenientes de la federación.

Es así como dejó de operar el programa Alas y Raíces para los Niños en Hidalgo, uno de los más consolidados del entonces Cecultah, por ofrecer cada domingo actividades de calidad para los más pequeños y cuya finalidad es la de generar nuevos públicos.

Uno de los festivales más esperados y que nutrían la vida cultural en nuestra entidad es el de Guitarra Clásica Ramón Noble, cuya emisión XII no fue llevada a cabo en este 2017. Dicho encuentro guitarrístico era valorado por la calidad de los exponentes que congregaba quienes, además de presentarse en Pachuca, realizaban actuaciones en municipios al interior del estado.

Otro de los más esperados, y que se encuentra detenido por falta de recursos, es el Programa de Apoyo a la Creación y Desarrollo Artístico (Pecda) que en nuestra entidad es el Fondo Estatal para la Cultura y las Artes de Hidalgo (Foecah). Dicho programa otorga estímulos económicos a creadores, ejecutantes, intérpretes, promotores y gestores culturales, directores de compañías y de grupos artísticos para que realicen un proyecto durante un año. Falta un mes para que acabe el 2017 y la convocatoria para el año siguiente no ha sido publicada.

Además, se desconoce la situación actual de la Red Estatal de Museos –que realizaba diversas actividades y que por falta de recursos disminuyó su oferta– sin dejar de mencionar que este año se han realizado sólo dos exposiciones emanadas por la Secretaría de Cultura estatal. Lo anterior sólo es una muestra de lo que ha dejado de hacerse.

Uno de los desatinos más recientes es la convocatoria para integrar la cartelera del Teatro Guillermo Romo de Vivar, la cual recibió amplias críticas por parte de la comunidad teatral de Hidalgo debido a que planteaba una repartición del dinero recaudado en la taquilla en una proporción de 50 por ciento para la compañía y 50 por ciento para la institución, simplemente por abrir un recinto público para que se presenten los grupos. Posteriormente se conoció que el precio del boleto es de $100 pesos y que los porcentajes se modificaron de manera más favorable para los artistas, al acordarse un 70%-30%, lo cual no garantiza la asistencia de público, además de que se realiza poca difusión de las obras programadas que se presentan los viernes y sábados desde el pasado 17 de noviembre y hasta febrero del próximo año. Sin embargo, las inconformidades persisten, al grado de que al menos una de las compañías declinó su participación bajo el argumento de que la institución únicamente les ofrecía las condiciones como si estuvieran rentando un espacio para presentarse, pero no realizaba las labores necesarias de difusión de la temporada, entre otros puntos, por lo que solicitaron que se les retirara de la programación.

Con un inicio de administración lleno de tropiezos, vaguedades, promesas incumplidas o pendientes y malos entendidos, ¿qué le espera a la Secretaría de Cultura de Hidalgo y en general a ese sector para el año 2018? ¿habrá más recortes presupuestales o el gobernador Omar Fayad Meneses cumplirá lo prometido durante la inauguración del 18 Encuentro Nacional de Fototecas de devolver a Cultura todo el recurso que este año le fue negado? Su apuesta ¿qué tantas probabilidades tiene de ganarse?

Cómo construir una mala imagen pública

José Olaf Hernández Sánchez, actual secretario de Cultura del Estado de Hidalgo, ha buscado consolidar su imagen como un miembro más del gabinete de la administración de Omar Fayad Meneses, pero ciertas acciones realizadas con torpeza o de manera irreflexiva lo han llevado en el sentido contrario.

Desde su nombramiento como “Enlace del Gobernador para la Creación de una nueva Política Pública del Estado de Hidalgo”, su figura no fue bien vista por la comunidad artística, al no contar con el perfil cultural, ni tener trayectoria o experiencia en el tema. Incluso, alguna cuenta apócrifa de Facebook convocó a una marcha para protestar por la posible designación de Hernández Sánchez como Secretario de Cultura.

Otro ejemplo es la columna del dramaturgo y crítico hidalguense Fernando de Ita, quien escribió a principios de año una carta dirigida a Omar Fayad que inicia así: “¿Por qué el primer secretario de Cultura de Hidalgo debe ser alguien completamente ajeno a la cultura? Usted dirá que aún no lo nombra pero el señor José Olaf Hernández Sánchez se ostenta como tal no solo ante el personal del aún Cecultah sino ante las autoridades de la Secretaría de Cultura federal. Si no tiene su autorización para hacerlo está cometiendo el delito de usurpación de funciones y debe ser denunciado por ello. Si la tiene, ¿por qué, Gobernador? […] Lo que no entiendo es que lo meta usted como calzador en un zapato que le aprieta por todos lados.”

Por esos mismos días, a finales de enero, se publicó una nota que se titula “Ostenta Olaf Hernández título de doctor sin tenerlo”, con la cual empezó el camino tumultuoso para el funcionario ante los medios de comunicación. Como resultado, en la biografía de sus cuentas de redes sociales como Twitter dejó de decir “doctor” para volverse “doctorando”, para evitar “habladurías”. Actualmente ya se enuncia su cargo de Secretario, aunque dicha cuenta parezca un bot más de apoyo a Omar Fayad.

A partir de ese momento los medios de comunicación quisieron acercarse al aún “Enlace”, y por fin tuvieron su oportunidad en febrero durante la inauguración de una exposición en el Cuartel del Arte. Sin embargo, al preguntarle sobre su falta de perfil para ocupar el puesto o si había mentido sobre sus estudios académicos, el funcionario y su equipo mostraron hermetismo y falta de experiencia en el manejo de los medios: Hernández fue rodeado por sus asistentes, quienes no permitieron a los reporteros acercarse a entrevistarlo; ante la insistencia, el funcionario se limitó a decir que “ahorita regresaba”, pero más bien lo suyo pareció un escape. El suceso quedó registrado en un video que puede ser consultado en youtube.com bajo el título de “Olaf Hernández con la prensa”, donde se aprecia que luego de hacer esperar a los medios, evita conceder cualquier tipo de entrevista.

Un caso más de malos manejos de su imagen fue cuando, el 20 de abril de 2017, se realizó la entrega del Premio al Mérito Artístico y otros reconocimientos, ceremonia en la que causó extrañeza que fuera presentado como “Enlace del Gobernador para la Creación de una nueva Política Pública del Estado de Hidalgo”, mientras que en los trípticos descriptivos de los premiados ya ostentaba el cargo de “Secretario de Cultura de Hidalgo”, sin haber esperado la designación oficial del Gobernador del Estado de Hidalgo. Al respecto, se puede leer la nota publicada en un medio local bajo el título “El nuevo cargo de Olaf Hernández: tu amigo”, debido a que el entonces Enlace se rehusó a decir si ya había sido nombrado Secretario.

Un nuevo alboroto ocurrió cuando se dio a conocer, en junio de este año, que la Secretaría de Cultura de Hidalgo se sirvió de material fotográfico perteneciente a Kanik, ser culto / ser libre, para promocionar la imagen de la Muestra Gastronómica de Santiago de Anaya, la cual se efectuó del 7 al 9 de abril pasado.

La nota puede ser leída en línea bajo el títuo “Lucra Secretaría de Cultura con imágenes de Kanik”. En ella se describe cómo uno de los colaboradores de Olaf Hernández hizo uso de material fotográfico propiedad de Miguel Ángel García, fundador y colaborador de esta revista, sin dar el crédito ni pagar ningún tipo de derecho.

Con el lío descrito arriba todavía fresco, José Olaf Hernández recibió su nombramiento como Secretario de Cultura de Hidalgo, de manos del Secretario de Gobierno, Simón Vargas Aguilar, el 10 de junio de 2017. Para evitar exponerlo ante los medios, la dependencia optó por realizar una ceremonia hermética un sábado por la mañana dentro del Foro Cultural Efrén Rebolledo, a la que sólo acudieron funcionarios de rangos inferiores, sin que la designación se hiciera pública sino hasta la tarde, mediante un comunicado de prensa enviado por Gobierno del Estado.

Para mediados de octubre de este año, José Olaf Hernández Sánchez volvió a generar notas adversas debido al despido, sin previo aviso, de trabajadores de la dependencia a su cargo, luego de tres meses y medio de que ellos no recibieron el pago por sus servicios. Incluso, el tema llegó al Congreso del Estado durante su comparecencia donde recibió cuestionamientos al respecto, pero él lo negó todo.

La última nota la ha dado su ausentismo y que le gusta hacerse esperar, pues más de uno ha sido citado a reunión con el funcionario, pero dichas reuniones empiezan más de una hora tarde, incluso dos. Un periódico local publicó, el pasado 7 de noviembre, un texto al respecto: “Crece la mala reputación del Secretario de Cultura, Olaf Hernández Sánchez, a quien integrantes de organizaciones artísticas, reporteros y hasta sus propios compañeros de gabinete no bajan de ‘holgazán’. A excepción del resto de secretarios, la jornada laboral de Olaf comienza después de la 1 de tarde, cuando presuntamente se despierta, ya que antes de esa hora resulta ilocalizable el servidor público, por lo que suena fuerte el rumor de que este flojo funcionario tiene los días contados en el cargo.”

Olaf Hernández tiene una constante presencia en medios, pero un porcentaje importante es de notas adversas, en gran parte por la manera en la que se ha conducido. Ya se le fueron un par de encargados del área de prensa, y quién sabe cuántos más sigan ese sendero, pues tienen la ardua encomienda de cuidar una imagen notablemente enlodada.

icon Diego castillo, dslr-camera Miguel García

…un 19 de Septiembre, a las 13:14 horas

Era un día normal hasta que la tierra comenzó a moverse. El reloj marcaba las 13:14 horas cuando la vida de cientos de personas, incluyendo la mía, iba a cambiar por completo. No alcancé a bajar, me quedé en mi lugar; sin embargo, el movimiento era tan fuerte que terminé debajo de mi escritorio. Cuando la oscilación terminó pude descender junto con varios de mis compañeros que nos quedamos en el tercer piso del Periódico REFORMA.

Llegando a la puerta principal, los editores ya comenzaban a llamar o mandar mensajes a los reporteros para que se movilizaran hacia los lugares más afectados. Ese día llegué al corazón de México alrededor de las 7:30 horas, pero, en mi deber de informar y ayudar desde mi trinchera, me quedé hasta las 22:00 horas.

Evidentemente, yo no tenía ni idea que me había quedado sin casa como cientos de capitalinos, sólo estaba tranquila porque mi familia estaba bien, asustados pero a salvo.

Empecé a preocuparme cuando recibí las primeras notas de mis compañeros reporteros, cuando vi que en la Del Valle se registraba una de las mayores afectaciones del sismo de 7.1 grados. Estaba tan saturada de trabajo que por mi cabeza jamás pasó que mi casa ya no era mi casa.

Al salir de la redacción, tuve que irme caminando hacia Elena Arizmendi 23; no había transporte y todo era un caos, una verdadera tragedia. Cuando llegué a Eugenia y División del Norte, el panorama que vi era total destrucción, un edificio colapsó y el lugar estaba lleno de tierra, escombro, ambulancias, Policía Federal, militares y cientos de manos voluntarias.

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Llegando a Gabriel Mancera me detuve un segundo para pensar y respirar… todo era oscuridad, no había luz. Me dio un poco de temor, pero quería llegar a casa, y seguí caminando. En Xola, voluntarios desviaban la circulación porque adelante había colapsado otro edificio.

Arribé a mi departamento y todo era silencio, me sorprendió bastante. Me encontré a Mayolo, uno de mis vecinos, y le pregunté ¿por qué estás afuera? Y me contestó, voltea. Ahí comprendí que la magnitud del evento también me había golpeado. Me dijo: “entra con mucho cuidado porque el edificio está por colapsar”, y así lo hice.

Subí las escaleras totalmente aterrada porque parecían de papel, empaqué lo primero que mis manos tomaron. Le marqué a mi papá, que también se había quedado sin consultorio, para que fuera por mí.

Esa noche no pude dormir.

Al día siguiente me acompañaron mis papás para ver si podía sacar algo, y así fue. Al entrar al departamento 6 no lo reconocí. Parecía como si hubiera pasado un huracán dejando a su paso una estela de destrucción.

Comencé a llenar bolsas negras de basura con mis cosas básicas cuando de pronto mi papá empezó a gritarme angustiado: “Li, bájate, está tronando el edificio, se va a caer”. Dejé lo que estaba en mis manos y de inmediato tomé de la mano a mi mamá para bajar lo más rápido posible. A partir de ese momento no volví a ingresar al espacio en el que me sentía totalmente segura.

Mi sillón rojo que me encantaba se quedó junto con mi comedor, recámara, parte de mi ropa y elementos de mi cocina.

Regresé a vivir a la casa de mi papá como damnificada. Hace 30 días no podía dormir ni comer, cualquier movimiento, ruido o vibración me asustaba y muchas cosas más. Hoy, ya puedo descansar más de cinco horas seguidas, ya no siento pánico, me alimento mejor.

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Sé que como muchas personas me han comentado “son cosas materiales”, pero aún así duelen, porque son “cosas” por las que te has fregado el lomo para conseguirlas. Sí, me duele mi pequeño patrimonio que aún no sé si voy a poder recuperar, ya que el DRO no ha ido a revisar el lugar.

Agradezco infinitamente y con todo mi corazón a cada una de las personas, amigos y compañeros, que me han dado palabras de aliento para continuar, el que me hayan brindado un abrazo o una muestra de cariño, aquellos que me han prestado su hombro para llorar y sanar. Las palabras no me alcanzan para expresar mi total y profundo agradecimiento.

Aquel martes, a las 13:14 horas, 228 personas fallecieron cuando el temblor interrumpió sus actividades cotidianas: algunos eran oficinistas que cerraban un estado de cuenta; otros eran estudiantes que tomaban la clase de inglés; otras, trabajadoras domésticas, costureras, amas de casa, jubilados, así como empresarios, ingenieros, químicos, extranjeros, bebés… Por ellos, por mis papás, mi hermana y mi Güero, la vida continúa dejándome una experiencia que jamás voy a olvidar.

#19S/2017

icon FERNANDA COVARRUBIAS, dslr-camera FERNANDA COVARRUBIAS

El Huapango de Moby Dick

El estanque

A la melodía de Air Supply siguió un bolero almibarado de Javier Solís –una versión de la canción italiana Ho capito che ti amo–. Enciendo el televisor sin activar el volumen. En la pantalla, la ronda gala aparece con el portador del maillot amarillo escalando imponentes rampas cubiertas de alquitrán. Un enjambre de afanosos ciclistas pedalea sin cesar. Etapa que antecede al macizo central. Un equipo, cuyo mecenazgo corresponde a un banco, lidera la carrera. El suéter a lunares le corresponde a Fignon y el verde a Zabel. El estío alarga los días y la noche de anoche. Nos hemos sentado hasta tarde sobre recios  tablones, debajo de una acacia y de un árbol de cedrón para degustar con nuestros amables anfitriones lo que una diminuta parrilla empotrada en un nicho de piedra salitrosa nos arroja.

Marcel está despierto desde hace rato, tumbado. Contrae repetidamente sus rodillas contra su pecho para cumplir con las mil flexiones que son parte de su disciplina diaria de entrenamiento. En la mesa de la cocina descansa un devedé con una película de Herzog –El barco de Fitzcarraldo– que nos hemos propuesto ver antes de que termine la semana. El problema es que el televisor tiene integrado un dispositivo para ver videos, pero no devedés. El complejo de mínimas cabañas en la que nos alojamos Marcel, mi hermano y yo se encuentra sobre una planicie que vive de espaldas a un espléndido bosque de gigantes eucaliptos. Por la vía este hay una vereda que las bicicletas se han encargado de ensanchar, donde uno puede caminar hasta llegar a unas escalinatas antediluvianas de oscura losa, que Marcel ha incluido en su entrenamiento y que sube y baja interminables ocasiones todas las mañanas. Yo lo he acompañado alguna vez y he tenido la mala fortuna de contar los peldaños. Noventa y siete escalones que se vuelven quebrantahuesos en el tramo final de la fase de ascenso. En el extremo inferior de la escalera hay un pasillo que conduce a la carretera y que utilizamos como pista para correr durante aproximadamente una hora, por lo que, al ritmo que lo hacemos, intuyo que cubrimos alrededor de unos siete kilómetros cada día. La rutina se ha vuelto agradable pues a la hora en que salimos a ejercitarnos el sol aún no cae pleno y la corriente del río, del que desconozco el nombre, se adhiere a nosotros como una placentera y delgada película refrescante. Entre las gradas y el camino que conduce al casco antiguo del pueblo varios puentes cruzan la ribera. Nosotros utilizamos el número nueve con rumbo a la villa. Hay gente que desayuna en las inmediaciones del puente; los más audaces se lanzan al río y una balsa construida con neumáticos atraviesa tortuosamente el cauce. Trozos estériles y anodinos de existencia pequeño burguesa. El ritmo de carrera de Marcel es sólido; me cuesta mantener la brecha de dos metros que nos separa. Mi respirar es penoso y debo boquear constantemente. Luego de engullir miles de metros de duro asfalto, el paisaje se transforma en un verde páramo. Algunas personas que nos han visto pasar en días anteriores saludan batiendo sus manos con entusiasmo. Por el flanco de la izquierda alguien nos pide que nos detengamos. Marcel y yo, confundidos, –pues no conocemos a quien nos habla– paramos en seco. El hombre tiene unos cincuenta años, viste un pantalón de lona azul, botas de media caña con las agujetas a medio amarrar y camiseta roja. Se acerca a nosotros y masculla en una armoniosa y exuberante mezcla de rumano, castellano y francés. A pesar de nuestro desconcierto entendemos el mensaje inmediatamente. Propone algo bastante simple: él y otras tres personas –dos hombres más y una mujer, que al parecer son parientes entre sí– nos demandan ayuda para levantar la gran carpa que yace como un escuálido elefante blanquiazul al que le ha dado por no despertarse el día de hoy. No hay ninguna razón para decir que no y Marcel y yo nos miramos cómplices para enseguida asentir ambos con la testa. Nos entregan unas estacas de acero y un mazo con un interminable mango de madera. La tarea en un principio parece sencilla. Hundimos un poco la estaca en la suave hierba y la sometemos a salvajes martillazos; yo doy unos cuantos y después entrego exhausto el mazo a Marcel. Transcurren diez minutos y el avance es casi nulo. Marcel me mira implorando una solución, los dos estamos chorreantes en sudor, pero el bastón de hierro apenas si se ha hundido unos pocos centímetros. Alrededor, nuestros compañeros se parten de la risa con el hilarante avance. El más viejo de los hombres –que al parecer es el jefe– se acerca, y sin mediar palabra, nos demuestra cómo se debe sujetar el mazo, la posición exacta desde la cual hay que alzar el gran martillo y la inclinación específica para que el golpe rinda frutos. Nos advierte –también sin palabras– que la tarea será más fácil si en vez de uno, usamos dos martillos para que alternadamente demos de porrazos al fierro. Comprendemos la explicación y con formidable decisión nos lanzamos nuevamente sobre la barra metálica. Hemos asimilado el método y logramos incrustar en el suelo varias estacas. Después toca amarrar gruesas cuerdas a las estacas, y con colosal coordinación, levantar el pesado tenderete apuntalando sus distintas zonas utilizando mástiles descomunales. La operación es delicada, pues no deben quedar áreas del techo ni cuerdas sin tensar. Uno de los postes ha quedado suelto y se ha desprendido del tinglado para caer amenazante cerca de nosotros. Luego de varias horas, una extensa sombra ha cubierto el solar y hemos terminado. Todos nos agradecen con alegría. Nos palmean la espalda con vehemencia para enseguida conducirnos hacia un monumental contenedor. Subimos a un tonel que se encuentra a un costado para poder ver dentro. Tres reptiles descansan en el formidable estanque de agua turbulenta. El cocodrilo que está al fondo tiene levantado el cráneo; desafiante, muestra los afilados dientes y las temibles mandíbulas. Su poderosa coraza de escamas duras y secas brilla intensamente. En el centro de la piscina, el saurio más pequeño mantiene la cabeza dentro del agua y genera un continuo y retador cúmulo de burbujas. El tercero, se ha percatado que uno de los ayudantes está por lanzar al interior el cadáver de una gallina inerte y gira bruscamente. Tras el sobresalto, descendemos del tonel, nos alejamos del estanque y, antes de irnos, el jefe nos entrega cuatro entradas para la función del día siguiente. Las ha traído desde el interior de la caravana, estacionada junto a una tremenda y silente roca.

iconAlberto Hierbasanta dslr-camera Alberto Hierbasanta