Los Tenangos de Hidalgo. Más allá del Folklor

Existe un amplio repertorio de catálogos y notas que muestran la diversidad de artesanías que producen los pueblos originarios de nuestro país, resaltando la belleza estética y folklorismo que tienen; sin embargo muchas veces sólo resaltan al objeto y no meramente su procedencia, ni su esencia, en términos de que se omite e invisibiliza la manera en que son producidas, el valor que le dan los pueblos originarios que las producen, cuáles son sus dinámicas sociales para concretar un trabajo de este tipo. En otros términos, ¿de qué manera forman parte del modo de vida de origen?

Para responder a las anteriores interrogantes podemos ver un caso concreto en los textiles nombrados Tenangos, los cuales han ido tomando renombre a nivel nacional e internacional por los lienzos multicolores dibujados y bordados a mano representando animales amorfos. Es una actividad que, en su mayoría, la realizan mujeres otomíes de comunidades de los municipios de Tenango de Doria, San Bartolo Tutotepec y Huehuetla –los últimos municipios en menor medida–.

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Lienzo Tenango

Si bien es cierto que las mujeres plasman, por medio del bordado, su riqueza cultural en términos de que usan iconografías que representan su naturaleza y su cotidianidad, y que ha permitido la construcción de una identidad cultural, también ha conformado un sostén económicamente importante en el complemento de la economía doméstica de sus hogares.

El Tenango está estrechamente relacionado con la vida campesina de la Sierra Otomí-Tepehua, pues en las comunidades de donde es originario también se dinamizan distintas actividades agrícolas y pecuarias. Además de la elaboración de los lienzos también podemos encontrar actividades en la milpa, el traspatio, la cría y engorda de animales, la recolección de leña ─como combustible─, la recolección en el monte de una variedad inmensa de hongos, plantas comestibles y –en cierta temporada del año– insectos.

Las mujeres bordadoras protagonizan espacios y actividades determinadas, como nos relata una artesana de la localidad de Ejido López Mateos, en Tenango de Doria:

Las mujeres tienen mucho trabajo que realizar en la casa durante el día, porque son las que más se preocupan por los hijos, por el dinero, para llevar el sustento del hogar y la cocina. La cocina incluye todos los quehaceres de la casa, y tiene que apurarse a realizarlos. También tiene que cuidar a los animales, limpiar el corral de los pollos, darles de tragar, lavar el chiquero del puerco, y en algunos casos sacar los borregos al campo para pastorearlos. Se dedica también a recoger cosas del monte que sirven para comer; mucha gente se dedica a esto cuando no hay para comer. Luego vamos por quelites, frijol, o verduras. También tienen sus hortalizas donde cosechan acelgas, rábanos, espinacas, cilantro y otras cosas más que siembran para comer, o en algunos casos para vender, ya que es una ayudita de dinero. Terminando esto, se van a la leña, regresan y se ponen a bordar para no perder tiempo y esperan a que lleguen los niños de la escuela para ayudarlos a hacer la tarea y darles de comer. Las mujeres en la comunidad también se dedican a cuidar los negocios familiares que son las pequeñas tiendas que hay en la comunidad (Artesana de la comunidad de Ejido López Mateos, entrevista personal, enero de 2012).

Lo que aquí cabe destacar es que la mujer tiene un protagonismo en torno al sostenimiento económico del hogar, pues una característica de la economía campesina-indígena es que se dividen las actividades productivas en dos: las agrícolas y las extraagrícolas –que es aquí donde entra el textil u otro tipo de artesanías o actividades–, económicas y de autoconsumo.

Si bien es cierto que existen actividades que toman protagonismo en la entrada de dinero, todas las actividades constituyen un complemento entre sí; es por ello que la especialización tiene poca cabida en la lógica de los pueblos campesinos-indígenas; así también, la participación tanto del hombre como de la mujer e hijos es igual de relevante.

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Esquema de actividades de una familia productora de Tenangos

Es importante entender que para la elaboración de los lienzos se requiere de ciertos espacios y tiempos, pero a pesar de las mútiples actividades de las mujeres, han desarrollado estrategias para intercalar sus otras actividades, como lo comentan:

Me levanto y me siento a bordar a cada rato; pero cuando me dedico completamente es cuando ya hice tortilla y ya di de comer. Bordo más en las tardes, a partir de las siete de la noche, hasta como a las diez. De día, a lo mejor nomás bordo como una hora porque luego estoy lavando ropa […] (Artesana de la comunidad de El Ejido López Mateos, entrevista personal en Mayo de 2012).

Existen elementos que nos permiten afirmar que la elaboración del Tenango es algo más que un elemento simbólico identitario y folklórico, es también una actividad estratégica que fortalece la base material de los pueblos originarios del estado de Hidalgo y cuando adquirimos una artesanía, estamos generando economía y fortaleciendo los modos de vida campesinos-indígenas.

Testimonio extraído del libro: Carrillo S., Miguel (2014). Producción de café y bordados en la Sierra Otomí-Tepehua. Formas de organización y prácticas comunitarias. Ed. Universidad Intercultural del Estado de Hidalgo y Colegio del Estado de Hidalgo. 128p.

iconMiguel Carrillo dslr-camera Miguel Carrillo

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La palabra antigua florece: homenaje a Luna Tavera

Allá abajo en el valle

viven los ñähñu;

alrededor, los cerros

se tienden en la hierba verde

esperando la lluvia.

Francisco Luna Tavera

Cuando uno deja la envoltura de carne, no muere mientras haya quién lo recuerde. Si ese es el caso, el investigador Francisco Luna Tavera vive a través de la memoria de todo un pueblo, al que dedicó su vida entera.

Poeta, pintor, militar, gobernante, tlachiquero  y promotor consumado de la cultura otomí-hñähñu, este multifacético personaje es un referente obligado para quien desee conocer la historia del Valle del Mezquital. Una de sus contribuciones más importantes fue la ubicación geográfica del nacimiento de Huitzilopochtli, que en 2014 precisó en el cerro de Coatepec, Chapantongo, con base en años de investigación.

Un año después de dicho hallazgo, falleció a causa de problemas de salud, dejando un acervo cultural impresionante, que suma una biblioteca con más de 14 mil tìtulos. Además, su producción artística original, donde destacan pinturas, bordados, trabajos con plumas y textiles.

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Es por eso que discípulos, familiares y amigos, respaldados por instituciones de la talla de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), tomaron la decisión de instaurar la fundación Xunanfeni Makunda Francisco Luna Tavera A.C. que tiene por principales objetivos rescatar su legado, salvaguardar y brindar asesorías sobre la cultura otomí-hñähñu, haciendo hincapié en las pinturas rupestres que estudió durante buena parte de su vida; la historia de los textiles de la región, del maguey, y otras cactáceas endémicas.

En este tenor, la multicitada fundación homónima, en colaboración con el ayuntamiento de Alfajayucan, llevará a cabo el 6 de mayo del presente año el concurso de literatura bilingüe Ra noya ma ya´bu doni / La palabra antigua florece, en homenaje póstumo a Luna Tavera, con el propósito de impulsar a nuevos escritores bilingües, contribuyendo a la labor de rescate del idioma que en vida abanderó este excepcional personaje.

iconVerónica Muñoz, dslr-camera Cortesía

Artesanías hidalguenses, un tesoro cultural

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Artesanos de Tezontepec de Aldama, en Hidalgo, cuentan los retos a los que se enfrentan para que su trabajo no caiga en el olvido. Ellos cumplen un papel fundamental en la preservación de nuestras tradiciones, como es el caso de Cenobio Ramón Fausto, quien se dedica a fabricar artesanías desde hace 25 años.

Oriundo de Tezontepec de Aldama, narró que se inició en el mundo de la artesanía con la venta de flautas elaboradas con bambú y afinadas manualmente; posteriormente se dedicó a la comercialización de canastas, arcos, palos de lluvia, atrapasueños y otros artefactos más trabajados con materiales de origen natural.

“Aprendí a realizar algunas artesanías viendo como las hacían otras personas, después comencé a diseñar unas propias. Es como decía un amigo mío ‘sólo con ver se aprende’, y yo quise aprender este noble oficio”, expresó.

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Para crear juguetes y artesanías de decoración se inspira en las armas de caza e instrumentos musicales que fabricaban los mayas y aztecas. Él considera que con el avance de la tecnología se ha perdido la cultura de estos antiguos artesanos, por ello busca transmitir ese conocimiento a las nuevas generaciones a través de sus creaciones.

Actualmente se dedica a la fabricación de tres artículos: palos de lluvia, arcos de juguete hechos de madera y atrapasueños. Cenobio Ramón platica el proceso de elaboración de cada uno y el uso que tienen.

El palo de lluvia es un instrumento musical utilizado generalmente para crear sonidos ambientales parecidos a la lluvia. Cenobio elabora este instrumento de percusión con bambú lijado y tallado, coloca palillos de madera en su interior y piedras pequeñas, finalmente aplica una capa de barniz para darle brillo. Cuando el bambú se inclina suavemente las piedras caen y golpean con los palillos, lo que produce un sonido semejante al agua que cae.

Los arcos son principalmente para niñas y niños, pues los utilizan como un juguete. En el cerro y el río de su comunidad, el artesano busca varas flexibles de un árbol llamado palo dulce, y las decora con pequeñas plumas y accesorios de colores, para que la flecha alcance mayor vuelo.

Cenobio comparte que el atrapasueños era utilizado por las personas que querían alejar las malas vibras, “esta artesanía se debe colocar en la parte superior de la cama o en algún lugar visible de la recamara para atrapar lo negativo”. Él trabaja tejidos especiales que, según la creencia, encapsulan las envidias. El color de la artesanía dependerá del estado de ánimo de la persona que lo adquiera.

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Cenobio platica que también elabora bolsas de coco, flautas, sombreros, canastas y otros artefactos que piden los turistas que visitan el lugar. Considera que en Hidalgo es necesario más apoyo por parte de las autoridades para promover la cultura y la tradición artesanal.

“Hace falta mayor difusión de nuestro trabajo por parte de las autoridades del estado, pues nosotros trabajamos mucho para que esta bonita cultura no se pierda, pero también necesitamos la ayuda de nuestros políticos”. Además, dijo estar orgulloso de poder transmitir su conocimiento a sus familiares y personas que deseen aprender este noble oficio para que las tradiciones mexicanas no queden en el olvido.

iconAna Mares, dslr-camera Miguel García

Alistan festival cultural y holístico en Pachuca

Artistas y artesanos; talleristas y promotores de medios alternos para la salud formarán el Festival Naui Ollin-Cuarto Movimiento el 2 de abril en la Bella Airosa

La cuarta edición del Festival Nahui Ollin promoverá a músicos, artesanos, terapeutas, seguidores de la cocina orgánica y centros holísticos este 2 de abril en la capital de Hidalgo.

La promotora cultura Everarth y el Centro de Desarrollo Humano Holístico Yolocayotl anunciaron parte del cartel de actividades dirigidas al público familiar, de entrada gratuita, con la finalidad de promover el talento de expositores locales y negocios que procuran la salud alternativa, comida orgánica y artesanía.

De esta manera y con la invitación a las conferencias y talleres, la organización abrió la convocatoria a quienes deseen colocar sus productos en uno de sus stands de la exposición holística.

En el previo del evento, el Nahui Ollin también llamó a músicos (ejecutantes de instrumentos ancestrales o clásicos) y cantantes a integrar el ensamble ‘Cantos para el alma’ que hará el número principal del festival como una oportunidad para crear cohesión.

Cuarto Movimiento será efectivo el primer domingo de abril de 2017 en el salón Candiles de la colonia Ciudad de los Niños, Pachuca (cerca del Hospital General), a partir de las 10 de la mañana.

icon Alejandro Galindo  dslr-camera Especial

Así se vivió “La magia del carnaval de Hidalgo”

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Con baile, música, color y folklor inició el desfile “La magia del carnaval de Hidalgo” en el centro de la ciudad de Pachuca, más de 20 mil personas presenciaron el desfile.

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El evento fue presidido por Eduardo Javier Baños Gómez, secretario de Turismo del Gobierno del Estado de Hidalgo, también contó con la presencia del Lic. Alejandro Marín Díaz, titular del Instituto Estatal de los Adultos Mayores; el Lic. Juan Benito Ramírez Romero, subsecretario de Educación Pública de Hidalgo; Silvia Mendoza de Sotero Santiago, presidenta del DIF de Huehuetla; la Lic. Fátima Lorena Baños, directora del Instituto Hidalguense del Deporte; Rafael Hernández Olín, director general de la Operadora de Eventos de Hidalgo; el Arq. Ulises Hernández Vázquez, presidente municipal de Omitlán de Juárez, y el diputado Luis Baños Gómez, quienes invitaron a los pachuqueños e hidalguenses a celebrar y vivir la magia de los diferentes carnavales que se realizarán en 44 municipios del estado.

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El recorrido por el centro de Pachuca exhibió bailes tradicionales, música de banda y disfraces como muestra representativa de los carnavales de 34 municipios con el fin de dar a conocer las características de cada uno de ellos, y así los pobladores puedan elegir a cual asistir.

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El desfile inició en el Jardín del Arte con dirección al Reloj Monumental, continuó su trayectoria por la calle de Guerrero y culminó de manera exitosa en Plaza Juárez, donde el presídium entregó un reconocimiento al representante de la comparsa de cada municipio.

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De igual manera la Plaza Juárez contó con un pabellón artesanal y gastronómico a cargo de comerciantes pertenecientes a 44 municipios de la entidad, con el fin de fomentar la cultura y el arte hidalguense.

iconAna Mares dslr-camera Miguel García

Tenangos, legado cultural de la Otomí-Tepehua

kanik-tena4Cada puntada, cada color y figura elegida para conformar un cuadro de bordado es un rasgo de la identidad de una región, de los pobladores que generación tras generación van transmitiendo su forma de ver y estar en el mundo; por ello, los tenangos son piezas únicas, diseños que no se repiten nunca.

Son un estilo de bordado muy peculiar, oriundo de la región indígena Otomí-Tepehua en Hidalgo, pero también se les puede encontrar en la sierra de Puebla; en realidad, en comunidades vecinas que comparten una misma cosmovisión y que solo están separadas por una división política.

Los tenangos se caracterizan por dibujos de alebrijes que se bordan con hilos coloridos de algodón a lo largo y ancho de un trozo de manta; y dada su complejidad, algunos bordados han sido considerados como verdaderas obras de arte, apreciadas por lo laborioso del bordado y las coloridas figuras, que invitan al observador a conocer la cultura Otomí.

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Esta artesanía es atribuida a la gente del municipio de Tenango de Doria, y es en las comunidades de San Nicolás, Santa Mónica y San Pablo, en donde tienen su mayor antigüedad; ahí, cuentan los pobladores, existen unas pinturas rupestres atrás de una peña conocida como El Cirio, que son inspirados en animales de formas extravagantes que engalanan un bordado de tenango.

Sin embargo, hay comunidades, especialmente las ya cercanas a Acaxochitlán, donde las figuras que resaltan en los tenangos no son alebrijes, sino personas o animales de granja, como caballos, borregos, gallinas y el grano por excelencia, el maíz.

En los últimos 20 años, los bordados de tenango han cobrado gran relevancia tanto a nivel nacional como internacional; la capacidad para compartir información y las gestiones sociales para reconocer la labor de las bordadores, han generado un gran auge comercial; se les puede ver en manteles, bolsas, chalinas, vestidos, blusas y hasta en cuadros; además, son fuente de inspiración para diseños de marcas tan codiciadas como Pineda Covalín.

Actualmente hay un gran número de artesanas en esta región que se dedican a bordar para sostener a sus familias, y pueden comercializar sus productos tanto en la Ciudad de México como en el extranjero; pero, no siempre fue así.

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Doña Cundita es una mujer fuerte y trabajadora, de 84 años, oriunda de Tenango de Doria, a pesar de su edad su habilidad para recordar no está mermada y, según sus memorias, ella era una niña cuando un hombre extranjero que vivía en el pueblo invitaba a las mujeres indígenas a bordar los tenangos, para después venderlos en su país.

Estos dibujos ya se bordaban en las comunidades de San Nicolás, San Pablo, Peña Blanca y El Ejido, pero eran sus propias prendas, ya que este bordado era solo uno de los estilos que se realizaban en la región, pues el “pepenado” también era una puntada característica de la cultura Otomí, que incluso se enseñaba en la única escuela ubicada en el municipio.

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Doña Cundita empezó a bordar siendo niña, y la venta de esta artesanía era un ingreso que una región indígena tan pobre necesitaba; por ello, cuando se casó y tuvo familia también instruyó a sus hijas para que bordaran.

Al principio las figuras eran de un solo color, pero con el paso del tiempo los animales se volvieron más coloridos, hasta llegar a lo que hoy conocemos como bordado de tenango.

Una de las consecuencias de la comercialización de esta artesanía es el reconocimiento de las artesanas de Tenango de Doria. Actualmente se han conformado en colectivos para llevar sus bordados a diversas tiendas con apoyo del Fondo Nacional para el Fomento a las Artesanías (Fonart).

Desde hace unos 10 años, se dio en el estado un impulso para fomentar el pago justo por el bordado, de tal forma que ya se cuenta con una marca registrada, la cual es accesible a todas las artesanas; sin embargo

hay comunidades, especialmente las ya cercanas a Acaxochitlán, donde las figuras que resaltan en los tenangos no son alebrijes, sino personas o animales de granja, como caballos, borregos, gallinas y el grano por excelencia, el maíz.

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En los últimos 20 años, los bordados de tenango han cobrado gran relevancia tanto a nivel nacional como internacional; la capacidad para compartir información y las gestiones sociales para reconocer la labor de las bordadores, han generado un gran auge comercial; se les puede ver en manteles, bolsas, chalinas, vestidos, blusas y hasta en cuadros; además, son fuente de inspiración para diseños de marcas tan codiciadas como Pineda Covalín.

Actualmente hay un gran número de artesanas en esta región que se dedican a bordar para sostener a sus familias, y pueden comercializar sus productos tanto en la Ciudad de México como en el extranjero; pero, no siempre fue así.

Doña Cundita es una mujer fuerte y trabajadora, de 84 años, oriunda de Tenango de Doria, a pesar de su edad su habilidad para recordar no está mermada y, según sus memorias, ella era una niña cuando un hombre extranjero que vivía en el pueblo invitaba a las mujeres indígenas a bordar los tenangos, para después venderlos en su país.

Estos dibujos ya se bordaban en las comunidades de San Nicolás, San Pablo, Peña Blanca y El Ejido, pero eran sus propias prendas, ya que este bordado era solo uno de los estilos que se realizaban en la región, pues el “pepenado” también era una puntada característica de la cultura Otomí, que incluso se enseñaba en la única escuela ubicada en el municipio.

Doña Cundita empezó a bordar siendo niña, y la venta de esta artesanía era un ingreso que una región indígena tan pobre necesitaba; por ello, cuando se casó y tuvo familia también instruyó a sus hijas para que bordaran.

Al principio las figuras eran de un solo color, pero con el paso del tiempo los animales se volvieron más coloridos, hasta llegar a lo que hoy conocemos como bordado de tenango.

Una de las consecuencias de la comercialización de esta artesanía es el reconocimiento de las artesanas de Tenango de Doria. Actualmente se han conformado en colectivos para llevar sus bordados a diversas tiendas con apoyo del Fondo Nacional para el Fomento a las Artesanías (Fonart).

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Desde hace unos 10 años, se dio en el estado un impulso para fomentar el pago justo por el bordado, de tal forma que ya se cuenta con una marca registrada, la cual es accesible a todas las artesanas; sin embargo, para poder obtenerla es necesario estar dado de alta en Hacienda, razón por la cual, muchas aún prefieren vender por su propia cuenta.

Para algunas personas mayores, los tenangos se han convertido más allá de un legado cultural en una forma de sustento. Doña Engracia, una mujer de 81 años, confiesa que el tenango no era su bordado preferido cuando era joven, pero actualmente, dado el valor que ha adquirido y el reconocimiento como única artesanía de la región, se dedica a vender bordados que ella misma dibuja, borda y manda enmarcar.

“Me da gusto bordar porque vendo mis cuadritos y me dejan unos mil pesos, aunque ahora ya casi no veo para bordar como quisiera, pero así lo hago y la gente me los compra”, comenta, orgullosa de su trabajo: piezas únicas que representan parte de ella misma.

iconTania Monroydslr-cameraTania Monroy

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LOS SUEÑOS DE ELIZABETH, APOYADOS POR LA CDI

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La mujer que creyó en su talento para empoderar a su grupo, y la que trabaja, motiva y lucha sin descanso todos los días de la semana, es Elizabeth Jiménez Olguín, originaria de Dios Padre.

Con humildad indígena pero también con gran orgullo, Elizabeth  reconoce la destacada participación de la CDI para hacer lo que es ahora Otomíes Gourmet.

“Para nosotros ha sido muy relevante la participación de la directora de la CDI a nivel nacional, Nuvia Mayorga Delgado, porque  observó, pero sobre todo entendió las necesidades por las que atravesaba Otomíes Gourmet, sobre todo en la parte de la comercialización, y ¿porque no decirlo?, ha sido soporte en la infraestructura a través de la construcción del taller de procesos”.

La emprendedora mujer expresa su reconocimiento a la CDI, “que ha sabido entender y atender las necesidades de este proyecto productivo, en el que se destaca la parte esencial cultural y lo que significa Otomíes para los distintos grupos de mujeres que hoy la conforman”.

Es ahí, agrega, “cuando la CDI identificó el potencial de este proyecto, y se involucró de una manera muy directa, sobre todo en dar a conocer los productos”.

Y su expectativa de crecimiento no tiene límites, ahora Elizabeth Jiménez busca proyectar a Otomíes a otro nivel de mercado, es decir, su visión es exportar, dar a conocer sus productos artesanales a mercados Gourmet y Sibaritas y más adelante franquiciar, ofertando tiendas exclusivas de productos Otomíes Gourmet.

Y, por último, manda un mensaje directo a Nuvia Mayorga y al personal de la CDI.

“Quiero reconocer el esfuerzo de la contadora, lo hemos dicho públicamente en foros; hemos reconocido este esfuerzo de impulsar a los artesanos del país, a los grupos indígenas, a los pueblos originarios, atendiendo diferentes necesidades. Y a la gente que queda en el anonimato, por su entrega, por su dedicación en la CDI; por su destacada participación y compromiso social al participar en esta importante dependencia, de la que, ratifico, es una de las más nobles en su labor”.

iconKanik, serculto/serlibredslr-cameraCortesía

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